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Martes 12 de febrero 2019

Estupendo el nombre de la actriz española, de dulce y delicado rostro, para titular este artículo sobre una última preocupación del feminismo, respecto a definiciones de palabras relativas al existir mujeril. Hoy está en entredicho el sentido de ‘maquillarse’: 1. Aplicar cosméticos a alguien o a una parte de su cuerpo, especialmente su rostro, para embellecerlo o modificar su aspecto. 2. Modificar la apariencia de algo para disimular su verdadera naturaleza. Polvorosa procede de polvo que, entre otras definiciones, incluye la de ‘producto cosmético de diferentes colores que se utiliza para el maquillaje’.

Guardo en casa una polvera que perteneció a alguna antigua abuela, y contiene aún blanquísimo polvo de arroz, ‘que se usaba en el tocador femenino’ para dar a la piel un aspecto de blancura, viejo ideal de nuestro mestizaje. La polvera, de algo como carey negro, está adornada con brillantitos de artificio, e incluye la mota o borla para aplicarse el polvo y un espejo pequeño, inserto en la tapa del curioso adminículo.

‘Nadie se maquilla como dice la RAE’, se titula un artículo que intenta aclarar el cómo y el porqué –más el porqué que el cómo- del uso actual del maquillaje. Vamos a la primera de las dos controvertidas acepciones:

Para las batalladoras feministas, la mujer no se maquilla –ni se ha maquillado jamás, por lo visto- para ‘embellecer o modificar el aspecto de su rostro’. Que me perdonen estas combatientes, pero para mí el uso del maquillaje da cuenta de la aspiración, por lo demás loable, a perfeccionar y embellecer nuestro aspecto.

Nos maquillamos para resaltar la mirada, rebajar, si es del caso, el volumen de la nariz; llenar, a partir de cierta edad, el vacío que deja el pelo lentamente perdido de las cejas, o alargar las pestañas para dotarnos de una mirada ‘asombrada’. Pintamos los labios para resaltar su forma, si estamos satisfechas con ella, o para engrosarlos o adelgazarlos, si no; esto y mucho más busca dar luz al rostro y volverlo atrayente: no nos gusta lucir secas, incoloras, arrugadas, y buscamos poner remedio al paso de los años. Lo saben, sobre todo, las actrices, que no hesitan en acudir a costosas operaciones para borrar cualquier imperfección. ¿Todo esto, solo para ‘ser nosotras mismas’, como lo dice la señora Polvorosa? Hay quien piensa, precisamente, lo contrario; que somos más nosotras mismas sin ‘make up’…

Respecto de la segunda definición, ¡señoras!, maquillar no se refiere al rostro ni al cuerpo, sino a ‘algo’, una cosa, un hecho, una culpa que, ‘maquillados’, cobran un aspecto menos atroz que el de su triste realidad. Los políticos maquillan las cifras. El historiador no maquillará los hechos; los mostrará como fueron.

Cuánto quisiéramos haber llegado a tal nivel de autoexigencia, cultura e inteligencia, que el Diccionario de la Lengua Española, DLE, como lo solicita alguna optimista, pudiera definir ‘maquillarse’, así: “acción por la cual se reafirma o consolida la identidad de alguien a través de la aplicación de productos cosméticos”, pero…