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Subsidios y caudillos

Siempre hubo gobiernos sustentados en el clientelismo político aparentando gobernar con equidad política y económica a través de pequeños señuelos que pretendían redistribuir la riqueza y el ingreso nacional, con mecanismos que incidían en la oferta barata de bienes y servicios.

El Estado construía vivienda barata para entregar a los pobres o se concedían préstamos para casas con intereses bajos y fijos aún en épocas de inflación. Se vendían alimentos por debajo de los precios a base de intermediación cuyos costos financieros los asumía el Estado, se dio educación y salud gratuitas sin focalizar a los más pobres.

Se fijan tarifas de teléfono, electricidad y agua potable por debajo del costo y con subsidios cruzados. Así funcionó el clientelismo de los partidos políticos y la intermediación de los sindicatos.

Por el bajo impacto de estos mecanismos, el Banco Mundial promovió dar dinero directamente a las familias muy pobres, es decir subsidiar por el lado de la demanda, como han hecho los países desarrollados, en cuyos presupuestos asignan el 8 por ciento del PIB para estos subsidios que confieren libertad de acción a los beneficiarios, quienes pueden comprar lo que deseen, con buena focalización e inclusión importante de las mujeres.

Esto tiene consecuencias políticas en la sociedad, porque cuando solo el Presidente de la República entrega dinero a los pobladores, controla y sabe a quienes les da. Ya no existen más intermediarios de los favores populares como los partidos políticos y los sindicatos.

La selección de beneficiarios solo hace el Presidente, sin que intervengan los parlamentarios, ni los opositores políticos ni los sindicalistas ni los indígenas.

Ahora es un instrumento que permite que gane adeptos el que da.

Por eso, entre otras razones, desaparecieron los partidos políticos y los sindicatos se esfumaron, y se empoderó una política caudillista que puede ser de izquierda o derecha.

Lo que ocurre ahora es que los subsidios directos en efectivo crean gratitudes políticas solo en beneficio de una persona que puede devenir en un caudillo.

El caudillismo es un retroceso en la vida política de un país, pues es el ejercicio de mando o el uso del poder sobre bases personalistas y no institucionales. El caudillo suele actuar con decisiones individuales carentes de fundamentación ideológica y se encamina a estar por encima de las leyes e instituciones.

Frente a ello debemos caracterizar a los subsidios directos como un derecho de los marginalizados, en un marco de dignidad y participación popular.

Que sea un derecho exigible pero con responsabilidades y no una limosna de ningún caudillo. Que sea la satisfacción de una necesidad que le reconoce la sociedad como un todo.