Gonzalo Ruiz Álvarez

En un compás de espera

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Viernes 31 de agosto 2018

Luego del anuncio de las medidas que buscan apretar el gasto fiscal y una magra reducción del subsidio a la gasolina súper, hay una pausa.

El país debatió -al menos el país político, el de los analistas y el escenario de los medios donde se canaliza la opinión- sobre unos subsidios y su eliminación, que nunca llegó en la proporción y alcance esperados.

Paralelamente se aprobó la Ley de Fomento Productivo cuya efectividad se medirá con el paso del tiempo.

Muchos buscaban la formulación de un plan, un trazado amplio de la cancha que el Gobierno dilató mientras los debates en la Asamblea Nacional y en los escenarios antes anotados agotaron argumentos y marcaron posiciones.

Para el ministro Richard Martínez, la propia Ley de Fomento Productivo y el anuncio presidencial constituyen un plan. El economista piensa que ese es el plan y que alcanzará para sobrellevar la situación y cerrar este año con mejores expectativas con las que se inició en enero y diferentes de aquellas de cuando asumió el gran reto.

Para el Gobierno éste es el plan de prosperidad. La reducción de personal y de ministerios inflados y algunos hasta inútiles avivados al calor de los años de abundancia de las vacas gordas, significará un ahorro al fisco. 20 entidades cerrarán sus puertas.

Para que la cosa funcione los elementos son la profundidad de las decisiones y la agresividad. La Ley de Fomento productivo contempla la remisión de intereses y multas de quienes adeuden haberes al Servicio de Rentas Internas, hay quienes explican que si no han podido pagar es por la situación ajustada que provocó el parón en la economía dependiente de factores exógenos que empezó a vivir el país desde la caída internacional del precio del crudo.

Para otros la demora en el pago de impuestos, la evasión y elusión de sus obligaciones pone a actores privados en situación de privilegio frente a toda la sociedad. Son visiones contrapuestas sometidas a debate.

El Gobierno abre un nuevo diálogo -aunque hay sectores que nunca llegaron a esa mesa- busca que se trate el gran tema del subsidio y que se analice si el Estado - con la plata de todos - debe seguir pagando el alto precio de combustibles importados para beneficiar a ciertos sectores. Diésel, gasolina extra y eco, y gas. Lo del gas es un regalo a los que podemos pagar en detrimento del desarrollo nacional, pero bien sabemos que su precio es intocable, por explosivo, también social y políticamente hablando.

Además se acercan elecciones seccionales, no siempre una buena época para tratar y decidir temas espinosos y delicados.

El tiempo del diálogo y de fijar conclusiones no puede ser eterno ( 90 días ha dicho Richard Martínez) y su resultado, difícil.

Mientras, hay que buscar mejores condiciones para la deuda, la colocación de papeles para cerrar la brecha fiscal a tasas de un dígito y al mayor plazo posible.

Si hay plan, no hay carta de intención con el Fondo Monetario que mira atento al país y el país se mira a sí mismo con expectativa.