Sebastián Mantilla

No a los sorbetes

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La secretaría de Ambiente del Municipio de Quito acaba de lanzar una campaña para reducir el uso de sorbetes plásticos y, así, contribuir con el medio ambiente. No consiste en prohibir el uso de sorbetes sino en lograr que los lugares de expendio de comidas dejen de usarse sorbetes. De ahí el nombre de esta iniciativa: #Sin sorbete por favor.

Esto es parte de una tendencia internacional por reducir la contaminación ambiental y, en especial, de los océanos provocados por los residuos plásticos como botellas, envoltorios y sorbetes. Estos, dependiendo de la composición, se demoran entre 500 y mil años en descomponerse.
Cada año un promedio de 8 millones de desechos plásticos llegan al mar. En el caso de los sorbetes, si bien no se comparan en volumen a la contaminación por otros plásticos, su tamaño hace que se vuelvan en uno de los contaminantes más traicioneros ya que provocan la muerte de peces y animales marinos por ingestión y asfixia.

Desde el mes de mayo pasado está prohibida la venta y uso de sorbetes en las Islas Galápagos. De enero a abril se han recolectado cerca de 22 toneladas de desechos plásticos en las islas de Santa Cruz, San Cristóbal, Floreana y Santiago. Y aunque esto no soluciona los graves problemas ambientales que tienen las islas (debido al excesivo aumento de la población y falta de control estricto de las autoridades) es un primer paso frente a este problema.

El año pasado, el Estado de California (Estados Unidos) dio el primer paso para reducir el uso de plásticos. Prohibió el uso de bolsas plásticas. Luego tomaron la posta países como Kenia, China, Bangladesh, Ruanda y Macedonia. Ahora son más de 60 en todo el mundo.

La semana pasada el presidente de Chile, Sebastián Piñera, promulgó una ley que prohíbe la entrega de bolsas de plástico en supermercados, comercios, etc. Al que incumpla, pagará una multa de USD 370 por cada bolsa de plástico entregada.
Francia, por ejemplo, ha ido más allá. Para el 2020 no solo que las fundas plásticas estarán prohibidas sino también platos, vasos y utensilios de cocina. No obstante, cualquier iniciativa por reducir la contaminación debería ir acompañada por un cambio en los patrones de consumo y mayor sensibilidad de lo que significa para la humanidad el crecimiento de la contaminación ambiental.
En el caso de América Latina, por ejemplo, apenas el 3% de la basura es reciclada. Diariamente se generan en la región cerca de 500 mil toneladas de desechos. Es cierto que una parte de esto es recuperado por recicladores. Sin embargo, el manejo de los desechos sería mucho más efectivo si en cada hogar se separara la basura en material orgánico, papel y cartón, vidrio, plásticos y metales. Algo de esto se hace con éxito en Alemania (no sé otros países).

Y aunque el problema de la contaminación y el manejo de la basura son grandes, me parece interesante comenzar con algo. “#Sin sorbete por favor”.