Juan Esteban Guarderas

¿Somos un Estado fallido?

El caso de María Belén Bernal nos fuerza a plantearnos las preguntas, ¿en qué momento esto ya no es un país y se vuelve una jungla? ¿Cuál es el indicio que nos lo confirmaría? ¿Existe tal cosa como una civilización ecuatoriana o se trata de una jaula de monos rabiosos?

La Policía, ¿está para perseguir delitos o para encubrirlos? Realmente, pregunto realmente, ¿cuál es el objetivo de las personas que integran el organismo? ¿Enriquecimiento privado? ¿Conseguir el mejor salario posible que se puede conseguir teniendo un perfil educativo malo? O, ¿desarticular marchas? O, ¿ser una institución de protección de quienes ejercen cargos públicos con total ineptitud?

Y, si un país no puede dotarse de un cuerpo de protección contra la delincuencia, ¿es eso un Estado? El hecho de no poder tener un mínimo sistema de castigo para quienes infringen la ley (corruptos, ladrones, narcotraficantes y narcopolíticos, diezmeros, evasores de impuestos, traficantes de influencias, etc.), ¿no nos hace eso - de facto - en un Estado fallido?

O, dicho sea de otro modo, ¿qué funciona? ¿Qué institución de organización colectiva y pública funciona? Una por allá, alguna por acá. Pero, si no son la mayoría, ni siquiera una minoría numerosa, ¿qué más necesitamos para asumir la dura realidad de que el Ecuador ya se rompió? Es decir, si solo eventualmente algo funciona, ¿cómo se nos ocurre calificar a nuestro sistema como democrático? ¿Dónde demonios ven ustedes atisbos claros de democracia o de organización colectiva?

Es la primera vez que planteo un artículo casi en su totalidad con solo preguntas. No obstante, el desconcierto, la desazón son tan fuertes que siento se me quebraron las piernas. Francamente tengo muy pocas certezas, solo incertidumbres. No es solo –aunque desgarrador– la pérdida de Bernal, es la institución de la Policía, es la generalizada violencia de género, es el tipo de sociedad donde vivimos. ¿Se sienten ustedes ecuatorianos?

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