Columnista Invitado

Solidaridad con el pueblo venezolano

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 21
Indiferente 58
Sorprendido 0
Contento 43
Martes 26 de mayo 2020

Josep Borrell y Arancha González
Alto Representante de la Unión Europea y Ministra de Asuntos Exteriores y Cooperación de España.

El coronavirus se ha enseñoreado de nuestras vidas particulares y colectivas. El mundo entero lleva más de dos meses sumergido en un confinamiento de personas, ciudades y países, atento al ritmo cambiante de las cifras de contagiados, curados y fallecidos.

El humo y el polvo de este estrépito sanitario de alcance global está impidiendo recuperar la atención sobre otros dramas, de ámbito regional, pero igualmente intensos en términos de los estragos y sobre todo en el número de personas que lo padecen.

Uno de esos dramas, una crisis humana que corre el riesgo de entrar en el olvido, es el desplazamiento de más de cinco millones de refugiados y migrantes venezolanos que han salido de su país, buscando una vida mejor. Ahora es el momento de atender a esos millones de venezolanos que llevan a cuestas sus vidas por Colombia, por Perú, por Ecuador, por Chile y otros países latinoamericanos, huyendo del hambre, de la enfermedad, de la miseria o la persecución.

Los europeos, que tiene desde hace muchos años sus propios dramas de refugiados e inmigrantes, estamos obligados a prestar atención a este que se desarrolla en tierras latinoamericanas y caribeñas.

El reto es descomunal. Con un goteo de miles de venezolanos saliendo diariamente de su país en los últimos años, los gobiernos receptores han visto cómo sus sistemas de salud y de educación quedaban desbordados en las zonas de concentración de los desplazados, y cómo sus instituciones se tensionan para evitar que los servicios públicos, incluyendo la seguridad, cedan ante el peso que están soportando.

Esta situación, ya de por sí suficientemente trágica, ha sido agravada por la covid-19. En este trance, se hace urgente hacer un llamamiento a la solidaridad internacional. A pesar de la escala masiva del desplazamiento - la segunda mayor crisis migratoria del mundo, solo detrás de la de Siria - y de las enormes necesidades humanitarias, las naciones receptoras –siendo Colombia, Ecuador y Perú las que más sufren - han recibido poco apoyo de la comunidad internacional.

Detrás de estas cifras hay historias. Historias de familias rotas que han debido dejar atrás lo construido durante toda una vida. Historias de caminantes que han cruzado un continente a pie buscando empezar de nuevo. Historias de mujeres víctimas de violencia o explotación sexual cuando solo buscaban una salida a la desesperación. En un esfuerzo sin precedentes, los países de acogida en América Latina están tratando de ofrecer las condiciones para que estas historias puedan tener una continuación basada en la dignidad, el respeto y el bienestar social. Debemos ayudarles a hacerlo.

La pandemia tiene muy ocupadas a todas las naciones en salvar vidas, en gestionar sabiamente los recursos médicos disponibles. Confiamos en que el impulso solidario de la lucha contra la covid-19 alcance al socorro a nuestros hermanos venezolanos desplazados en la región