La sociedad

Desarrollaremos el artículo a partir de su conceptuación sociológica. La “sociedad” es un conglomerado de seres humanos dentro del cual despliegan sus actuaciones de trascendencia comunitaria. Todo arrimo a la materia debe darse en función de un escenario innegable, y es que en la sociedad se presentan fenómenos influyentes en los desempeños, que permiten catalogarla en cuanto a su naturaleza, y cualificarla respecto de la responsabilidad para con quienes la conforman.

A partir de la segunda mitad del siglo XX y con el nuevo milenio, las ilaciones al interior de la sociedad han sufrido transformaciones. El dinamismo económico mundial ha influenciado tanto en las sociedades – que por siglos fueron estáticas – al grado que ahora las relaciones sociales demandan de evaluaciones más allá de las formales.

Para la doctrina, es una “sociedad fragmentada” en que prima la individualidad. Solo interesa la acumulación de riqueza propia, que no atiende a la diversidad social y sus necesidades; nos enfrentamos a la desaparición de solidaridad para dar paso al egoísmo insolente. Es también una sociedad que alega el “fin de las ideologías” – percepción por cierto falsa – para encaminarnos de forma burda a un supuesto “fin de las ideas”.
Con ello se busca justificar de mala fe la posición dominante de ciertas minorías socio-económicas, habiéndose solo logrado la generación de populismo, en la cual sí que no existe ideología. Es por igual una “sociedad reduccionista”: la problemática comunitaria se comprime a lo material. No se ponderan realidades sociales que superan lo tangible. Por último, las tres características desembocan en una “sociedad éticamente irreflexiva… irracional”. En ésta, lo político y sus conveniencias predominan por sobre consideraciones morales.

Hablamos de una evolución social en que no existe interacción entre pensamiento y realidad, teoría y práctica (H. Marcuse).

En las sociedades “desarrollistas”, la colectividad es mero medio hacia la consumación. El bienestar no está ligado a la prosperidad humana de sus miembros sino de la “economía nacional”; el acopio de capital es lo único importante. Prototipo es el caso chileno. Logró con el impulso de una dictadura apocalíptica – añorada hasta hoy por fragmentos socio-económicos que debieron enfrentar el comprensible levantamiento popular de finales de 2019 – niveles de desarrollo económico que solo miran a estadísticas, a costa de una sociedad inequitativa degradante. Chile, buen ejemplo de pésimo capitalismo… inhumano y deshumanizante.

De manera paradójica, el modelo lo defienden sectores sociales que buscan identificarse como precursores de sociedades justas, sin siquiera entender que la justicia social exige distribución de la riqueza, mas no acaparamiento en pocas manos… y lo hacen apelando a valores cristianos. El desafío es grande.