Simón Espinosa Cordero

Vértigo/ Sentido Común

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Domingo 05 de enero 2020

Un sabio, amigo de la Sabiduría, y, además, polaco, habló en 1999 de “la modernidad líquida: una etapa en la cual todo lo que era sólido se ha licuado, en la que nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos hasta nuevo aviso, y en que las redes sociales son una trampa”. (Entrevista de Ricardo de Querol a Zygmunt Bauman en Babelia, El País, 9/12/ 2016). Otro más sabio y más amigo de la Sabiduría que el polaco nos dice con gran frescura que “Para el posmoderno no existe la verdad; (pero) existen las verdades de cada quien, de cada caso, de cada momento.” Y añade que “En lo inmediato existen los demás como cada quien, dentro de cada quien.”(Raúl Corral Quintero en Qué es la posmodernidad, Revista Casa del Tiempo, número 98, Universidad Autónoma Metropolitana, Ciudad de México).

El mundo occidental está noqueado. En la Universidad de Cambridge, Inglaterra, Gran Bretaña, estudia Sebastián Raza. Su padre, mi buen amigo, me mandó un breve ensayo escrito por Sebastián con el lindo título de “La extraña astucia de la democracia y la arrogancia liberal” y cuya tesis se expresa así: “No cabe duda de que, desde sus inicios, la democracia ha sido entendida como un fenómeno (momento, mecanismo o sistema) inherentemente desestabilizador e inestable.”

He traído a colación estas tres citas, porque nos dan un atisbo o principio de algo que puede ser interpretado como una señal de ello. Y este ello es que estamos empezando a vivir el mayor cambio en la historia de la humanidad.

Al comenzar un nuevo año, remate de la segunda década del siglo XXI, y al meditar que en estos 19 años que caminan hacia veinte, la humanidad ha crecido en conocimientos, tecnologías, inventos, riqueza, salud, longevidad e igualdad y libertad más que en los últimos veinte mil años anteriores, uno cavila, se interroga, asusta y espanta como cuando “Cierta vez en alta noche, cuando débil y cansado, / Meditando en los enigmas de un infolio ya olvidado, / Casi a punto de dormirme, principiaba a cabecear, / De hacia afuera, de las sombras, vino un toque suave y lento, / Como de alguien que llamase retrasado a mi aposento, / De visita y nada más.” (Primera estrofa de El Cuervo de Poe, traducido por el azuayo Octavio Cordero Palacios).

Lo esencial para asimilar este cambio sin que el mundo se convierta en una minoría de superhombres y en una masa de esclavos es volver a los grandes principios éticos contenidos en el código de Hammurabi y el Evangelio. La ética es indispensable para que la economía sirva a la gente. Una tarea imperiosa para nuestro Ecuador en crisis es que estemos unidos. Los ciudadanos debemos participar en pequeños grupos de regeneración cívica guiados por el sentido común del “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Cuando se ama hay confianza en lo amado y esperanza de algo mejor. Feliz Año es apasionado amor a nuestra patria, amor de obra y no de irisada y frágil pompa de jabón.