Simón Espinosa Cordero

La Navidad y el gran León

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Domingo 23 de diciembre 2018

Hay que ir al corazón. Y el corazón de la Navidad es el nacimiento de Jesús como lo relata el evangelista san Lucas en el capítulo 2: 1-22.
Los antecedentes de la Navidad son: Un ángel anuncia el nacimiento de Juan Bautista. La Anunciación de María. Recibe Isabel la visita de su prima María. Primeros pasos de Juan Bautista. Historias contenidas en el capítulo 1:1-80. Hermosos relatos en sí y por sí.

Son palabra de Dios para quienes han recibido el don de la fe, lo han aceptado y cultivado. Son fuente de seguridad, manantial de esperanza, lago de paz.

Para agnósticos y ateos se trata de narraciones míticas que se repiten en otras religiones, al menos en cuanto al tema de una intervención de más allá de nuestro mundo. Para Marx es opio del pueblo; para la invisible mano del mercado, una mina de oro.

En la Iglesia latina, la celebración de la Navidad nació en la mitad del siglo IV cuando en el año 325, superando controversias sobre Jesucristo, se llegó a formular como obligatoria para todo cristiano la adopción de una fórmula de fe. En la parte pertinente se dice: “Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo Único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros lo hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”.

Había que defender esta doctrina combatida por diversos intérpretes. Y en hacerlo, se distinguió el papa León el Grande. Pastoreó el pueblo de Dios entre los años 440 y 461. Prudente y sagaz, mantuvo con rigor la disciplina eclesiástica en el imperio romano. Atila, rey de los Hunos, marchaba sobre Roma. Su feroz caballería asolaba los campos. Tras su paso, la hierba no volvía a crecer. León, el gran papa León Primero, salió de Roma a negociar con él. Logró que se retirara. Era el año 452. Tres años después, Genserico, rey de los Vándalos, se instaló en Roma. Quería incendiar la ciudad. El gran León I volvió a pactar: “Quédate, pero no quemes. Ocupa la ciudad, pero no toques a sus habitantes”. Los bárbaros traían sus costumbres, su cultura, su fuerza prodigiosa. Sus costumbres corroían los comportamientos cristianos. El papa León repetía y repetía su pedido más famoso: “Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver a un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado el reino de la luz”. El papa León predicó 19 sermones sobre esta materia.

Todos a una estamos obligados a salvar la patria en tinieblas. Dejemos ignorancias, mezquindades, rencores. Navidad y León nos dan luces, ejemplo, vigor. Feliz Navidad. Feliz Año Nuevo.