Simón Espinosa Cordero

Ecuador crucificado

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Domingo 14 de abril 2019

¡Llegó la Semana Santa! Llegó con su burrito de Ramos, con Jesús a horcajadas, aclamado Salvador. Llegó la Semana Santa con la Última Cena de Jesús el Nazareno y la traición de Iscariotes. Llegó la Semana Santa con las angustias del miedo y los gruesos goterones de sangre que llegaban hasta el suelo cuando Jesús, víctima pascual, a su Padre le pedía que le apartara de la boca el cáliz del veneno y de la muerte.

¡Llegó la Semana Santa a Quito! Llegó con la música sacra. Llegó con la liturgia: memoria, misterio, símbolo, paraíso en las grandes iglesias barrocas y en las pequeñas iglesias rurales azotadas por el viento y olorosas a pobreza. Llegó la procesión de Jesús del Gran Poder y la gente de morado, con el pecho arrepentido. Llegó a Quito y sus montañas la esperanza y la alegría.

¡Llegó la Semana Santa a Ecuador y se llenaron las playas y se broncearon los cuerpos, y se bebió cerveza y cerveza y se amaron en la arena mientras gemían las olas con su sabor a repollo y a queso Roquefort!

¡Y el Viernes Santo vimos a Ecuador Crucificado! Corona de espinas, buen ladrón y ladrón malo, cinco crueles clavos, una herida en el costado, esponja en hiel y vinagre embebida, la túnica inconsútil sorteada, por qué me has abandonado, santas mujeres valientes, aromas y sepultura, tinieblas y terremoto.

Las espinas de perseguidos y muertos en la mentira del cuartel de Policía. Las espinas de Gabela, Carolina, David Romo, adolescentes preñadas, y cientos de miles con hambre, sin empleo, olvidados por obra y por desgracia de una gavilla de criminales, ahítos de cinismo y de gula, hambrientos lobos fatales que mordían a la gente y andan sueltos y aullando a la luna blanca y triste en las redes calumniosas.

El buen ladrón de misa y olla, el mal ladrón de drogas y mafias de miles de millones de alacranes venenosos que matan la adolescencia y prostituyen a la gente, los cinco clavos crueles de contratos indecentes en petróleos y en minas, en defensa nacional, en pederastias sagradas, en el IESS de los González y Espinosas, en la desnudez de hospitales millonarios, y en el robo descarado a víctimas de sismos y terremotos. Y la herida del costado que ha vuelto indolentes a millones de ciudadanos y les ha propuesto el oro o la violencia como razones de vida.

Solo las santas mujeres y Juan estuvieron solidarios al pie del Crucificado. Ellas lo embalsamaron y ellas fueron a adorar el cadáver del amado y hallaron el sepulcro vacío. Ecuador camina lento a ser un Estado fallido. Solo una unión nacional liderada por mujeres, agentes de salvación, podrá evitar esta desgracia. Ellas han sido desde las Venus de Valdivia hasta las estrecheces de hoy, las que han alimentado y defendido la vida. “¿No beberán un día en vuestros senos/ los que mañana labrarán la tierra? ¡Oh, celebrad este domingo claro, / madrecitas en flor, vuestras entrañas nuevas!” (Pascua de Resurrección. A. Machado).