Al señor Lasso

“Usted nos ha devuelto el deber de la esperanza” le dijo Jorge Luis Borges al presidente Raúl Alfonsín cuando Buenos Aires saltaba de alegría por el fin de la Guerra Sucia. Y así, don Guillermo, también lo siente el pueblo del 11 de abril, aguas mil: Lasso mil, campeón de salto con garrocha.

El deber de la esperanza del retorno de los valores morales para la reconstrucción de un país postrado en la miseria por el virus de la mentira y el crimen. Usted nos devuelve la esperanza de que podemos edificar un país con una ciudadanía que entienda el sometimiento a las normas sociales y jurídicas para hacer de la Ley el eje vertebrador de nuestro renacimiento.

Usted ha ofrecido que en su gobierno mediante consulta se deshará del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, un disparate populista para manejar de un solo toque los órganos de Control de la administración pública; pero “Nadie corta un trozo de vestido nuevo para arreglar un vestido viejo. De hacerlo así, echará a perder el vestido nuevo; además el trozo nuevo no quedará bien en el vestido viejo.” (Lc 5,36).
Usted, señor Lasso, con el mismo esfuerzo, costo y procedimiento nos puede devolver todas las instituciones fundamentales que desaparecieron con la Constitución de 2008, como son el Estado de Derecho, la República y la Democracia, eliminando -con una sola pregunta- todas las cargas y vicios constitucionales con que se dinamitó nuestra historia y nos dejó ausentes de la civilización.

Además, podría afianzar con la fuerza constituyente la dolarización, única columna que sostuvo lo que ha quedado del Estado ecuatoriano.

Me refiero a lo que señala el conocido jurista y periodista de opinión, doctor Mauricio Gándara Gallegos, en su artículo del diario El Universo, del 14 de este abril: usar dicha consulta con el fin de que el pueblo soberano, origen del poder constituyente, dé su autorización para retomar la Constitución de 1998, que rigió, con solvencia y sin contratiempos, hasta el 2008.

La de 1998 responde a la tradición constitucional ecuatoriana y se ancla desde 1830 en el Estado de Derecho, República y Democracia. A partir de esta Constitución se podrá actualizar y modernizar nuestro Código Político, lo que jamás se podría lograr con un parcheo superficial de la de 2008, porque no vendrá el nuevo Ecuador si mantenemos el manual de procedimientos prescritos en la Carta del nefando 2008. Quedaremos sometidos a la incertidumbre de que la fatalidad vivida pudiera retornar.

Marx en su artículo “18 Brumario de Luis Bonaparte”, 1852, dice: La historia siempre se repite, la primera como tragedia; la segunda, como farsa. Este maleficio significaría quedarnos con la Constitución chavista-correísta de 2008. Si la historia se repite, será porque desperdiciamos el presente sin haber capitalizado la experiencia. Piénselo, señor Lasso.

Que Dios le bendiga e ilumine Su rostro sobre el de todos nosotros. Amén.