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Sábado 04 de enero 2020

Amanecí sediento, puede ser por las fiestas de fin de año, o cierta angustia por un nuevo año lleno de incertidumbres. Pienso que es más lo segundo. Es una sensación de escasez de algo vital como el agua en mi interior, pero que también puede ser sed de esperanza, soluciones definitivas a problemas crónicos, líderes sensatos con mirada de país, de una institucionalidad fuerte, de cohesión social donde la inclusión y la diversidad sean oportunidades y no problemas.

Pienso que esta sensación tiene origen en una multiplicidad de problemas que aquejan al Ecuador, a Latinoamérica e incluso al mundo.

Vaticinios terribles para el nuevo año, además de recuerdos de situaciones vividas en el año que se pudieron hacer mejor. De pronto me doy cuenta que uno mismo crea estas sensaciones al adoptar la actitud de víctima y no la del protagonista. Recuerdo que cada uno tiene la responsabilidad de definir sus posturas y actitudes ante los problemas.

Prefiero y decido ser pro activo. Más propositivo que nunca. No quedarme en el diagnóstico de los problemas y más bien encontrar en ellos oportunidades para aportar soluciones. Pero consciente de mis limitaciones, llego rápido a la conclusión que es necesario focalizar con criterio.

Es decir, elegir de múltiples problemas no resueltos, máximo tres que con mis capacidades y recursos puedo contribuir con mejor impacto.
Recuerdo que en mi carrera profesional lo que más me apasiona es la aplicación de los principios del desarrollo sustentable en la práctica gerencial.

Esa combinación virtuosa de una estrategia competitiva vigorosa, manejo eco eficiente de los impactos ambientales, gestión responsable de los grupos de interés, junto con un esquema de gobierno y dirección empresarial que guía a la gerencia a crear valor sostenible a largo plazo.

Recuerdo cuánto disfruto cuando educo a las nuevas generaciones con mis propias experiencias, buenas o malas; o cuando explico las nuevas teorías y prácticas gerenciales para los tiempos actuales. Recuerdo también que el mejor momento del 2019 lo tuve en un evento sobre cómo abrazar la diversidad de opiniones, orígenes y perspectivas, para crear confianzas entre personas que no las tienen, y que con un buen proceso y las actitudes correctas es posible crear afinidades desde la indiferencia.

Me doy cuenta que con la primera letra de Sustentabilidad, Educación y Diversidad, las tres palabras que más me inspiran, se arma la palabra, sencilla pero potente, para encontrar la fuerza, intolerancia y el coraje para atreverme a la acción. Confirmo que sí, tengo sed de esperanza, de aportar soluciones definitivas a temas fundamentales dentro de mi campo de influencia, porque quiero ser parte de un legado de un país sustentable, desarrollado y feliz.
¿Y a usted? ¿Qué le causa sed?

rsalas@elcomercio.org