1 de February de 2011 00:00

La salud

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Satisfizo el incremento del presupuesto para la salud. Se han modernizado algunos hospitales, se han concretado millonarias adquisiciones de equipos, se ha logrado brindar atención médica pública gratuita y otorgar medicinas sin costo a los pacientes; todos estos propósitos de trascendencia social y de gran exigencia económica para el Estado.

Lamentablemente, la declaración de emergencia para el área de la salud nos demuestra que estos logros han obedecido a un plan sin estrategia, ni cálculos que hubieran permitido prever oportunamente el aumento del número de atenciones hospitalarias que se ha agigantado; tampoco se previó la limitación de los hospitales y se ha llegado a una situación en la que peligra la subsistencia de estas políticas que han satisfecho en buena manera a los enfermos pobres del país.

Durante décadas, diversos gobiernos, ministerios de salud, Federación y Colegios Médicos, Facultades de Medicina, IESS, Fuerzas Armadas; Solca, Junta de Beneficencia de Guayaquil, OPS y representantes de los servicios privados trabajaron conjuntamente para unificar esfuerzos y mejorar la atención médica en todo el país.

Se alcanzaban logros y sumaban a la comunidad en la integración de consejos parroquiales, cantonales y provinciales de salud, bajo la rectoría del Ministerio de Salud, coordinados por el Consejo Nacional de Salud (Conesup).

Estos esfuerzos confluyeron en la elaboración de la Ley del Sistema Nacional de Salud.

Esta ley está orientada a conseguir que, sin distingos, todas las instituciones de Salud sirvan a los habitantes y den prioridad a la atención primaria para prevenir la enfermedad con agua potable, control de excretas y aguas servidas, vacunación, medioambiente y alimentación adecuada, mediante educación impartida en los dispensarios de primer nivel; para las afecciones simples los pacientes deberán ser referidos a dispensarios de segundo nivel y los enfermos con dolencias más severas, a los de tercer y cuarto niveles, de tal manera que los hospitales deberían recibir únicamente a los que requieran de tratamientos avanzados de especialidad o de alta cirugía y no se atiborrarían, como en la actualidad, con afecciones banales.

Esta estructura fue desarticulada: se desconocieron a los colegios médicos, a la Federación Médica, al Consejo Nacional de Salud y no se ha organizado adecuadamente la referencia y contra-referencia; se ha gastado mucho dinero ya en equipos sofisticados que no funcionan porque faltan insumos o no tienen quién los maneje, ya en ambulancias adaptadas a altísimo valor o en medicamentos genéricos que no tienen la efectividad farmacológica necesaria; tampoco se han calculado los montos de la atención gratuita y de los medicamentos sin costo.

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