Rodrigo Borja

El deporte

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Domingo 06 de enero 2019

Derivado del latín tardío “disportare”, este término llegó al castellano por intermedio del inglés “to disport” y designa la actividad física realizada con fines lúdicos o de competición, cuya práctica demanda entrenamiento, organización y sujeción a reglas.

El deporte nació en las épocas más remotas de la humanidad, como lo prueban los vestigios arqueológicos. Y comprende diversas disciplinas: gimnasia, natación, lucha, boxeo, yudo, kárate, esquí, patinaje, navegación, ciclismo, levantamiento de pesas, tiro al blanco, esgrima, pruebas ecuestres y disciplinas atléticas de velocidad, saltos y lanzamientos, sometidas a códigos internacionales.

Es presumible que su origen sea la guerra y la cacería, y que las carreras de los hombres primitivos para escapar de los animales salvajes o para cazarlos, los saltos para franquear obstáculos naturales, las travesías por los cursos de agua, el uso de lanzas y la lucha cuerpo a cuerpo hayan inspirado, por obra del espíritu lúdico del hombre, sus primeras actividades deportivas.

Ciertas modalidades —boxeo, lucha, kárate, yudo, taekwondo, kendo, tai chi, kung fu, jujitsu, aikido, tiro con arco o con armas de fuego, esgrima, lanzamiento de jabalina o equitación— delatan las remotas vinculaciones del deporte con la guerra.

Desde épocas muy lejanas la actividad deportiva formó parte de la cultura de los pueblos. Los antiguos egipcios practicaron el tiro con arco. Y en las justas náuticas los romanos midieron sus fuerzas en competencias de carruajes y en combates cuerpo a cuerpo. Los mayas precolombinos practicaron un juego que consistía en pasar una pelota por un aro vertical (el “tlachtli”), en el que se ha visto el antecedente del baloncesto.

La institucionalización del deporte es gloria de los viejos helenos y responde a su principio de “mens sana in corpore sano”, que expresaba el deseable equilibrio entre el desenvolvimiento espiritual y el desarrollo físico.

La práctica deportiva, además de dar al ser humano vigorosas condiciones físicas, buena salud y tranquilidad de ánimo, contribuye a formar su personalidad y le proporciona grandes enseñanzas para la vida: trabajar en equipo, saber ganar sin fatuidad y perder sin vencimiento, soportar con entereza la adversidad y el triunfo con humildad. Le enseña que el éxito es hijo del esfuerzo, la abnegación y la preparación. Que no hay éxitos improvisados ni gratuitos. Por eso todo buen deportista es generalmente un buen ciudadano.

El deporte es el más grande espectáculo de masas de nuestros días y ha sustituido a las guerras en la medición de fuerzas y de prestigios entre los Estados.

Los héroes modernos ya no son los victoriosos guerreros sino las figuras estelares del deporte.