Rodrigo Borja

Los “Illuminati”

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Domingo 28 de abril 2019

En uno de los muchos descabellados intentos que se han hecho en la historia para crear un poder secreto conductor del mundo -una suerte de gobierno global en la sombra-, el 1 de mayo de 1776 se estableció en la ciudad alemana de Ingolstadt una sociedad esotérica denominada “Orden de los Iluminados”, cuyo fundador fue el joven exsacerdote jesuita y profesor de Derecho Canónico, Adam Weishaupt -muy metido en prácticas de ocultismo-, con el propósito de impulsar, en el marco de un nuevo orden mundial, sus ideas de reforma social tendientes a la abolición de la monarquía, la propiedad privada, la herencia, la familia clásica y las religiones esclavizantes.

Esta actitud le condujo a romper con la orden religiosa a la que pertenecía y con la Iglesia. El emblema de los illuminati era una pirámide de 13 escalones encerrada en un círculo, en cuya cima había un ojo centellante, que todo lo veía, y en cuya base estaba grabado el año de su fundación: MDCCLXXVI, o sea 1776.

Sin duda, la enseña fue tomada del “Libro Egipcio de los Muertos”, escrito sobre rollos de papiro, que fue encontrado junto a las momias por los saqueadores de tumbas trece siglos antes de Cristo y que ha sido uno de los textos más antiguos y de mayor influencia sobre el catolicismo de Occidente.

Los illuminati jugaron un papel muy importante en la mentalización de la Revolución de la Independencia de las trece colonias inglesas de Norteamérica y de la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII. Hay indicios de que Mirabeau, Dantón, Marat, Desmoulins, Herbert, Saint-Just y Lafayette pertenecían a esta Orden o, al menos, mantenían importantes vínculos con ella.

Eran los tiempos en que pertenecer a este tipo de sociedades contestatarias secretas -la masonería, los illuminati y otras, enfrentadas al “establishment” de su tiempo- era signo de progresismo.

Los seguidores de la Orden atribuyen a los Illuminati la formulación del marxismo, como una respuesta dialéctica al capitalismo, puesto que, según afirman, fue la Liga de Doce Hombres Justos de los Illuminati la que financió a Marx la escritura del “Manifiesto Comunista” y su publicación en 1848, con el propósito de alcanzar su proyectado nuevo orden mundial.

Ellos sostienen que George Washington (1732-1799) y Thomas Jefferson (1743-1826)) fueron miembros de la organización Illuminati, lo mismo que algunos de los presidentes norteamericanos posteriores. Pero cuando la Orden hizo un giro de 180 grados y abandonó su vocación revolucionaria, se adhirieron a ella gobernantes como Ronald Reagan y George Bush padre, así como magnates de las finanzas -los Rothschild y los Rockefeller- e influyentes exponentes del mundo de la política.