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Martes 18 de febrero 2020

Moody’s bajó la calificación de riesgo de Ecuador a Caa1, con lo cual advierte que su deuda es muy riesgosa, aunque sin peligro inminente de una moratoria. Ese es el peldaño de abajo, Ca. Moody’s ubica el peligro de moratoria en 2022, cuando hay un vencimiento de USD 2 mil millones en bonos, ya habría expirado el acuerdo con el FMI, los mercados financieros no tendrían apetito por bonos ecuatorianos.

Bajo Moreno, no hay mayor peligro, puesto que se canjearon los bonos que vencían este año, y los que vencen en 2021 son por un monto manejable; hay un acuerdo con el FMI que expirará después que termine su mandato, y que viene acompañado de financiamiento blando. Hay una estrecha relación con los EE.UU., como lo resalta la reciente reunión de Lenin Moreno con Donald Trump, lo que incide en que el FMI sea comprensivo con las dificultades del Gobierno para cumplir con los compromisos del programa económico.

Lo que motiva a Moody’s a bajar la nota es lo que percibe como falta de comprensión, tanto de élites como de pueblo, de la gravedad de la situación económica. La falta de voluntad de la Asamblea para aprobar leyes que incidan en un mejor funcionamiento de la economía, y de la población de aceptar medidas de ajuste, como lo demostró el levantamiento de la Conaie contra el alza del diésel. Mientras no haya evidencia de un compromiso nacional para superar la grave situación, el riesgo país se mantendrá alto. La visión de Moody’s es representativa de lo que se piensa en los mercados financieros internacionales. Hay quienes la consideran demasiado pesimista.

En la medida que el Presidente Moreno y su equipo demuestren que propenden a mejorar la situación económica, aunque se frustren sus buenas intenciones, mantendrán el apoyo del Fondo Monetario y las demás multilaterales, y habrá desembolsos de crédito externo. El período presidencial puede completarse sin mayores sobresaltos.

Lo paradójico es que si el Presidente se empeña en cumplir con su deber de gobernante, e impulsa con fuerza las medidas que mejorarán la economía, corre el peligro de nuevos levantamientos, y que sus iniciativas legislativas sufran derrotas en la Asamblea ante las mismas fuerzas políticas que aspiran llegar al poder en 2021, y que serían las beneficiarias de las iniciativas que tome el Gobierno al costo de su popularidad e incluso estabilidad.

Debemos hacer conciencia: es necesaria un alza de los combustibles subsidiados; un recorte más agresivo del gasto burocrático; atraer inversión para desarrollar campos petroleros y mineros; facilitar reformas legales que tornen menos rígido al mercado laboral, que introduzcan eficiencias en los mercados financieros y capitales. Dejemos al gobernante, gobernar.

2022 está a la vuelta de la esquina. Evitemos que sea el año de un nuevo descalabro.