Roque Morán Latorre

Responsabilidad social

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Viernes 02 de septiembre 2011
2 de September de 2011 00:02

En un estudio efectuado en América Latina se exponen más de veinte definiciones “oficiales” de responsabilidad social, sin contar –hecho que encontramos frecuente- la definición que cada organización pueda inventarse como propia. Si es que al respecto exploramos el resto del mundo, son interminables las acepciones generadas. Esto demuestra, en algo, la necesidad de poner en claro qué mismo es responsabilidad social y, sobre todo, de cómo ponerla en práctica.

En el más grande esfuerzo mundial realizado hasta ahora por encauzar, de manera objetiva y eficaz, la responsabilidad social, el pasado primero de noviembre, se liberó la Norma Internacional ISO 26000 RS, norma voluntaria, no certificable, una guía amplia que orienta y sugiere sobre los múltiples ámbitos de esta temática, define a la RS como “la responsabilidad de una organización ante los impactos que sus decisiones y actividades ocasionan en la sociedad y el medioambiente, mediante un comportamiento ético y transparente que: contribuya al desarrollo sostenible, incluyendo la salud y el bienestar de la sociedad; tome en consideración las expectativas de sus partes interesadas; cumpla con la legislación aplicable y sea coherente con la normativa internacional de comportamiento; esté integrada en toda la organización y se lleve a la práctica en sus relaciones”.

La responsabilidad social abarca todo, es integral e integradora en sus procesos operacionales y para sus grupos de interés, no deja resquicio sin observar y medir pero, si uno de sus componentes es soslayado, resulta truncada; de allí lo holístico de su praxis.

No es altruismo. No es filantropía. No es paternalismo. No es obra social. No es caridad mal entendida. No es limosna. Todas esas, y otras, acciones favorables para quienes las reciben y meritorias para quienes las realizan, pero no son responsabilidad social y que, con la pretensión de publicitarlas, van quedando como maquillaje de imagen y en un frustrado lavado de conciencia.

La RS ha venido para arraigarse como una cultura organizacional, como una herramienta ineludible para el éxito empresarial y para el apuntalamiento del desarrollo sostenible, tan cacareado, pero tan poco aplicado; los grupos de interés de las organizaciones empiezan a clamar por ella, desde los inversionistas y administradores, los empleados, los proveedores, las comunidades y otros.

Todas las organizaciones están en el deber moral de aplicarla, sin importar su tamaño o su giro de operación, las privadas y las públicas, las nacionales y multinacionales, las micros, pequeñas, medianas y grandes, las de servicios, comerciales e industriales. “Solo” depende de que sus líderes organizacionales la conozcan bien, la promuevan, la motiven y –lo más importante- se involucren en su aplicación.