3 de February de 2011 00:00

La resistencia

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Es de ponderar el aguante que han tenido los pueblos aborígenes de la región andina. Han resistido a todas las adversidades y sus rebeliones han sido una sucesión de desastres que fuera de toda lógica anunciaban nuevos levantamientos, hasta el presente.

En cuanto a los mestizos, una buena parte de la población siempre en aumento, eso de resistir ha tenido entre nosotros connotaciones tan singulares como que el cacho quiteño bien puede interpretarse como una forma de agredir a los poderosos con palabras que eran como dardos certeros y envenenados, productos del ingenio de los chullitas de todas las épocas.

Del Padre Cicala, jesuita italiano que llegó a Quito a mediados del siglo XVIII, he tomado esta cita: “Otro talento no ordinario de los quiteños es hacer sátiras y pasquinadas agudísimas”, “Tiemblan los Ministros Regios, Obispos, Presidentes y demás personas públicas // con las pasquinadas de los quiteños”, “lo hacen // algunos llamados capirotes (es decir que tienen su capa o manteo roto, viejo y andrajoso) y son los mestizos”. “El señor Presidente Montúfar, Marqués de Selva Alegre me dijo: ‘amigo, temo y tiemblo las pasquinadas tan terribles de los mestizos, sepa que los mestizos quiteños son endiablados para las pasquinadas mordaces y picantes’. Acompañando un día a un Padre muy conocedor de aquella ciudad y pasando por la calle del Comercio, había un mestizo parado en la esquina, descalzo y envuelto en su capa vieja. Con su sombrero blanco calado hasta las cejas, que apenas si se le reconocía apariencia y forma de sombrero por lo roto y sucio. Así estaba, con la espalda en la pared. El Padre me dijo: ¿Ve aquel sucio y descalzo mestizo? Pues sepa que es uno de los que hacen las pasquinadas mas satíricas y picantes”.

Aquel pata-al-suelo es el antecedente indiscutible del chulla quiteño con esos zapatos viejos una y otra vez puestos media suela o corrida entera. Aquellas pasquinadas satíricas y picantes los equivalentes a los cachos quiteños mordaces y envenenados que también hacían temblar a ministros y presidentes. Una forma de resistir, digo yo; y atacar con cachos de puntas envenenadas y acumuladas por generaciones a las que se les negó los derechos básicos y en apariencia se les vio resignadas a coexistir con los minúsculos y opulentos círculos de poder, como así lo denunció el Dr. E. Espejo.

Tal parece que los chullas quiteños de antaño han desaparecido. Se han transformado, posiblemente. Como que ya no se trata de resistir y lanzar dardos ‘satíricos y picantes’ que producían ronchas y nada más. Como que concluyeron los tiempos de muñecos y eso de darse pena y morirse de la ira. Lo de ahora va en serio, y al Chulla Romero y Flores se le ve interviniendo en las decisiones políticas que hacen temblar a los opulentos, unos pocos nada más.

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