Reinaldo Páez Z.

Un gran caos: la salud

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Martes 07 de mayo 2019

En todas las latitudes, la formación del médico es progresivamente ascendente, a través de una larga carrera de tesón, el constante estudio y la tierna entrega de responsabilidad y afecto para conocer al ser humano en su forma, composición y funcionamiento.

La ciencia, integrada por interminables especialidades que se actualizan cada segundo y que deben ser estudiadas permanentemente en días o noches, en el hogar o en la universidad, o en el hospital, generará el conocimiento que progresivamente convertirá al estudiante en profesional.

No puede faltar la herencia hipocrática del experimentado maestro que guía a sus discípulos y entre ellos, al que se inicia, al interno rotativo, cuya misión es fundamental: historias clínicas, recetas, indicaciones, curaciones, apoyo clínico y quirúrgico en hospitales grandes, medianos y pequeños, en la ciudad o en el campo, en la costa, sierra u oriente.

Su deber: servir, asistir, estudiar y aprender. Su necesidad: subsistir como individuo o como padre de familia. Su remuneración: históricamente limitada. Su gestión: indispensable, con 4000 horas anuales de trabajo diurno y nocturno, todos los días, inclusive fines de semana o días festivos dedicados a los enfermos y dolientes de este país, pauperizado por el prolongado asalto de los pícaros ostentosos millonarios de última data, que substrajeron las inconmensurables riquezas que habrían cambiado el futuro patrio.

No es justo que los ministerios de Salud y de Trabajo traten de compensar este descomunal déficit recortando más la baja remuneración de los internos rotativos, primer eslabón de la carrera médica, en lugar de instaurar una gran cruzada colectiva con la Fiscalía, la justicia y el conglomerado social para recuperar el dinero substraído.

Debe activarse la corresponsabilidad entre los citados ministerios y la academia en la elaboración de normas laborales justas que garanticen la formación del médico, en condiciones mínimamente aceptables, pues al disminuir la remuneración de estos estudiantes de último año y descontar de ella la afiliación al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, se reduce el ingreso a cifras de humillación y vergüenza.

Los internos rotativos no pueden estar considerados como pre profesionales que efectúan pasantías; su labor es de una prolongada acción de servicio y atención a seres humanos y requiere, por lo tanto, de una máxima tranquilidad, para otorgar mayor calidez al paciente.

El ilegal acuerdo gubernamental es un tácito reconocimiento de una crónica descoordinación entre el Consejo de Educación Superior, el Ministerio de Salud y el Ministerio de Trabajo cuya gestión conjunta debía orientar a las universidades y facultades de Medicina en la formación de profesionales, de acuerdo a la necesidad que tenga el país. No es posible que la corrupción y la incapacidad estatales se justifiquen con el sacrificio de una juventud esforzada y estudiosa.