Sebastián Mantilla B.

Reestructurar la Policía Nacional

Tras los lamentables hechos en torno de la muerte de la abogada María Belén Bernal y la desacertada respuesta del Alto Mando Policial, el gobierno del presidente Lasso ha hablado de reestructurar a la Policía Nacional. ¿Qué tan oportuno y factible puede ser esto?

De esto no se habló cuando las cifras de asesinatos y muertes violentas llegaron a niveles nunca antes vistos y la inseguridad se ha incrementado en todo el país, manteniendo en zozobra a miles de ciudadanos. Tampoco luego de las ejecuciones sumarias en las cárceles producto del fortalecimiento de las bandas criminales. Peor aún cuando el embajador de los Estados Unidos en Ecuador habló de los “narcogenerales”.

Lo que sucede es que el mal manejo del caso Bernal no solo de parte de la Policía Nacional sino también del ministro de Seguridad, Diego Ordóñez, y del ex ministro del Interior, Patricio Carrillo, se desbordó en redes sociales y se convirtió en una crisis de Estado. Es decir, terminó por golpear la maltrecha imagen del presidente Guillermo Lasso y, sin mayor conocimiento de causa, han salido a decir cualquier cosa con el afán de apagar el incendio.

Y en lugar de trasparentar los hechos, pronunciándose en el sentido de que el gobierno hará todos los esfuerzos para investigar y sancionar a los responsables vinculados al caso Bernal, el presidente Lasso ha dicho algo insólito: que va a cerrar y demoler el edificio de la Escuela Superior de Policía donde ocurrió el asesinato.

Reestructurar la Policía no significa pedir la disponibilidad de los todos los generales del Alto Mando. Significa repensar la estructura operacional para combatir con mayor efectividad los factores que generan inseguridad. Eso toma mucho tiempo y puede llevar al fracaso cuando se nombra a un ministro (con perfil político) que no tiene la experiencia, autoridad e idoneidad para promover dichos cambios.

El presidente Lasso, con estas decisiones, no termina por entender cual es el problema. Más allá de los errores cometidos en las filas policiales, la principal falla es la falta de claridad y liderazgo político para conducir al sector de la seguridad.