Sebastián Mantilla

La “receta” de Portugal

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Miércoles 13 de noviembre 2019

smantilla@elcomercio.org

Mientras los aires de pesimismo copan las mentes de los ciudadanos de Europa y, ahora, de América Latina (esto a propósito de las recientes protestas en Chile), Portugal comienza a brillar en el escenario internacional por los éxitos que ha logrado su gobierno en el campo económico.

En el 2015, fecha en la que un gobierno de coalición de centro-derecha e izquierda llega al poder (sí, ¡el agua y el aceite juntos!), Portugal estaba casi en bancarrota. Era uno de los países con más problemas económicos de la zona euro.

Su deuda pública prácticamente se duplicó del 2008 al 2015. Del 71,70% subió al 130% del PIB. Lo mismo ocurrió con las cifras de desempleo. Si en el 2008 era del 7,4%, en el 2015 fue de aproximadamente el 14%. Aunque las cifras de crecimiento económico comenzaron a mejorar en el 2014 (0,9%) y 2015 (1,8%), Portugal mantuvo por 3 años consecutivos índices negativos: en el 2012 fue del -1,8%, en el 2013 del -4,0% y en el 2014 de -1,1%. Por esta razón las cifras económicas de esa época ubicaban a Portugal dentro del grupo de países europeos con graves crisis económicas: Grecia, Irlanda, España y Chipre. De ahí que en el 2015 el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo FMI destinaron cerca de 76.000 millones euros para rescatar su economía. El rescate financiero impulsado por el BCE y el FMI se haría con el compromiso de aplicar severas medidas de ajuste. Sin embargo, el gobierno del presidente Marcelo Rebelo de Sousa (centro-derecha) y del primer ministro Antonio Costa (socialista) aplicó parcialmente estas medi
das. La “receta” a la portuguesa consistió en reducir significativamente el déficit fiscal, reducir los salarios hasta en un 25%, bajar la deuda pública (del 130% en el 2015 al 100% en el 2019) pero sin descuidarse de mejorar los índices de crecimiento y de empleo.

Mario Centeno, ministro de Economía y artífice de estas reformas, considera que las medidas que aplicaron otros países con similares problemas fueron erradas, parciales e incompletas. Y es que el problema de Europa en ese momento, menciona Centeno, no era de producción sino de demanda. “Eran necesarias las reformas estructurales pero debían ir acompañadas de estímulos para la inversión. De ahí que en un momento hicieran hasta cierto punto lo contrario de lo que sugería en BCE y el FMI. Es decir, reducir el IVA del 23% al 13%. Modificar el horario laboral de los funcionarios de 40 a 35 horas semanales. Subir el salario mínimo de 485 a 557 euros.

Hoy la economía portuguesa está en franca recuperación. Durante el 2019 creció al 2,8%, se ha reducido el desempleo al 10% y ha salido de la “lista negra” de países con déficit excesivos. No obstante, buena parte del éxito, a más de las medidas tomadas, requirió de mucha voluntad política, tenacidad y vocación por el diálogo. Eso ha hecho que Rebelo y Costa hayan sido ratificados en las recientes elecciones. Si eso se logró en Portugal, ¿será que podemos hacer algo parecido en Ecuador?