Monseñor Julio Parrilla

A raíz del aborto

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Domingo 06 de octubre 2019

Comprendo que el tema del aborto es (siempre lo ha sido) un tema complejo y de múltiples aristas personales, sociales, políticas, económicas, ideológicas, morales y religiosas. Así es la vida. Las vías se cruzan y entrecruzan y, en la opinión pública, no siempre está claro hacia dónde tirar. Una vez más, invoco mi derecho a opinar y a defender lo que pienso, aunque sé que, en este como en otros temas, lo que pienso no es políticamente correcto.

Hace días participé en un foro en el que una entusiasta defensora del aborto libre y gratuito dijo alguna que otra simpleza científica y antropológica. Para empezar, dijo que ella (toda mujer) tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que quiera y que el hijo por nacer era parte del cuerpo de la madre. Don Adolfo (me refiero a Hitler) también decía lo mismo pero referido al Estado y a sus vasallos. La convicción más científica y moral es que desde la concepción hay una vida, distinta e independiente. ¿Cabe pensar que al comienzo de la gestación las mujeres conciben seres no humanos? A partir de la concepción, el cigoto humano tiene su propio material genético y su propia evolución y desarrollo.

Como quiera que el Señor Presidente se está pensando las cosas (me refiero al veto), quisiera recordarle que un embrión no es sólo un puñado de células, sino una persona humana con tales propiedades que nos permiten, de hecho, reconocer a un hombre o a una mujer. Con cierta ironía decía el Dr. Jerome Lejeune, padre de la genética moderna, que descubrió que el síndrome de Down se debe a la presencia de un cromosoma de más, que le sorprendía cómo los legisladores, sabiendo que un embrión es una niña o un niño, no se den cuenta al mismo tiempo de que también es una persona humana!

Comprendo el inmenso dolor que causa una violación y, como cura, me ha tocado enjugar muchas lágrimas (y derramar alguna), pero en este tema, no por obligación, sino por convicción, coincido plenamente con el parecer oficial de la Iglesia y de muchas personas: ¡salvemos las dos vidas! Y no tratemos de tapar un crimen con otro crimen.

Me ha parecido interesantísimo algo que leí en Vida Humana.org, tras el análisis de 192 casos de mujeres embarazadas por violación. La mayoría decidió dar a luz y sólo el 29% abortó. De las mujeres que dieron a luz, ninguna dijo estar arrepentida, más bien reconocieron que el niño era víctima igual que ellas. De las mujeres que abortaron sólo una dijo no tener remordimiento; algunas no quisieron hablar y la mayoría se arrepintieron, subrayando además que sus problemas no se habían solucionado y que no se lo recomendarían a otras mujeres. El estudio incluyó a 55 personas más, concebidas por violación. Ninguna dijo que prefería haber sido abortada, más bien se sentían bastante felices de vivir, aunque su vida no fuera perfecta.