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Un Quito con ambición

Una conversación con Felipe Correa, director del Programa de Diseño Urbano de Harvard, me despertó del letargo. ¿De cuál letargo me dirán? Pues del letargo que nos causa el caos al que nos enfrentamos día tras día en esta ex-'Carita de Dios' que se ha ido convirtiendo en un pulpo de largos tentáculos por el boom de la construcción y que da la impresión de no poder contener ni a un automóvil más en sus estrechas y abarrotadas calles. Parece a medida de que pasa el tiempo los quiteños no sabemos más que pensar en el odioso tráfico que debemos enfrentar y en la guerra campal a la que nos someteremos con otros quiteños para que nos cedan el paso, esa eterna guerra de la incivilidad que nos mantiene postrados como ciudad. El aeropuerto se nos volvió un molestoso dolor de cabeza, el desorden no se detiene y las caras enfuruñadas están a la orden del día.

Pero Felipe me recordó algo, que a pesar de ser obvio, muchas veces lo dejamos sepultado en nuestro imaginario ciudadano contaminado de ruido. Vivimos en una ciudad que se encuentra ubicada en un punto en el que la relación ciudad-medioambiente es privilegiada. Como quiteños, en medio del creciente caos que implica circular por esta pequeña gran capital, nos hemos olvidado del valor de nuestra propia ciudad. La construcción atropellada y de escaso valor estético y urbanístico que ha abundado en la reproducción urbana nos ha dejado mareados. Felipe se cuestiona sobre la falta de "ambición de diseño" de Quito y creo que su duda es indispensable e impostergable en un momento en el que hemos perdido las ideas potentes para ser una capital con capacidades y visiones que superen el atolladero del día.

El libro "Una línea en los Andes" editado por Felipe Correa, es un trabajo de investigación realizado por el Harvard Graduate School of Design y que explora cómo la construcción del proyecto del metro de Quito puede transformar profundamente la anatomía y vocación de Quito. A lo largo del libro se indaga cómo el metro puede ser no solo una solución masiva de transporte urbano, pero también un eje o "espina dorsal" que reconfigure algunas de las dinámicas de la ciudad como la relativa enajenación entre norte y sur, y el nudo del Centro Histórico, abriendo ese cuello de botella y permitiendo que el centro se libere de algunas de las estructuras pesadas que le circundan. Además, se analiza cómo se pueden reorganizar los centros urbanos y los servicios básicos. En realidad la investigación abre un horizonte de infinitas posibilidades urbanísticas para el metro y le dan una ambición y visión únicas.

La pregunta que resta es ¿seremos capaces de capitalizar estas perspectivas que refrescan nuestra visión tupida y parroquial o seguiremos en la impaciencia de lo inmediato?