Pablo Cuvi

¿Quién pide perdón?

Cuando la Iglesia francesa pide perdón por los abusos a miles de niños, eso sirve para algo si, además, indemnizan a las víctimas y se juzga a los pederastas con sotana. Pero cuando López Obrador exige al rey de España y al Papa que pidan perdón a los pueblos originales por los abusos de la Conquista, suena a demagogia, a una manera fácil de motivar ese nacionalismo cargado de indigenismo de los mexicanos y distraer la atención de su malograda gestión.

Felipe VII no se dio por aludido, pero en Madrid le dijeron de todo, empezando por el Gobierno, que “rechazó con firmeza” tamaño argumento, pasando por el arrogante Pérez-Reverte y culminando por el expresidente Aznar –el mismo que acolitó a Bush en la invasión civilizadora o democratizadora de Irak– quien días atrás defendió el papel histórico de España y se burló groseramente de AMLO, arrancando risotadas racistas en la convención del Partido Popular.

Como el circo estaba montado de lado y lado, el dictador de Venezuela se sumó a la exigencia a España, él, que debería pedir perdón de rodillas a los 5 millones de venezolanos que ha expulsado de un país opulento al que hundió en la más espantosa miseria.

Por su parte, Francisco, que simpatiza con los populismos, se dignó pedir disculpas, pero con piola, por todos los pecados, acciones u omisiones “que no contribuyeron a la evangelización”. Muchos pensarán que debió pedir perdón por todo, incluyendo la evangelización. ¿O se supone que los aztecas, los mayas y los incas estaban muy interesados en cambiar de religión y se sintieron felices de que les obligaran a convertirse en siervos de una Iglesia cuya religión fue clave para la explotación de los indígenas durante siglos?

Albert Camus decía que todos los imperios y las grandes religiones “nacieron bajo el sol de la muerte”. Ello se aplica tanto al imperio español como a los aztecas –que sacrificaban ritualmente a decenas de miles de súbditos–, como al imperio inca que nos invadió cruelmente e impuso su lengua, el quichua, y su culto al dios Sol.

Pero ese “nos” es pura retórica pues las divisiones eran profundas. Cuando estalló la guerra de sucesión, los cañaris tomaron partido por Huáscar y fueron vencidos y reprimidos sangrientamente por Atahualpa. Por ello se aliaron luego con los españoles y fueron decisivos en la victoria. Algo parecido sucedió en México, de modo que la pregunta es: ¿quién le pide perdón a quién? ¿Por dónde empezamos? ¿Por qué AMLO no le exigió disculpas a Donald Trump por la expropiación de la mitad de México? Y así al infinito…

No, no es la manipulación indigenista del pasado la que da identidad al continente sino la lengua que trajeron de España y sigue enriqueciéndose con el habla de cada país. Esta linda lengua que igual sirve para un roto que para un descosido, para un perdón y algún olvido.

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