Ileana Almeida

Los quichuas de la Amazonía

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Martes 22 de diciembre 2020

Los quichuas amazónicos son clasificados por ciertos rasgos culturales, en Quijos Runa y Canelos Runa. Viven en sus llactas a orillas de los ríos Napo, Arajuno, Curaray, Bobonaza Pindo, Sara Yaku y otras corrientes fluviales. Habitan también en zonas urbanizadas.

Ciudades como Tena y Puyo se fueron levantando en tierras arrebatadas a los indígenas. En Tena, de un lado de una calle está la ciudad y en el otro comienzan las llactas. De Puyo se llega a pie a los reducidos territorios de las comunidades. Hace poco se tomó un segmento de la comarca de los Napo Runa, río y cascada incluidos, para construir los edificios de la Universidad Ikiam, que ni en sus estatutos ni en sus programas menciona a los dueños ancestrales de esas tierras.

El quichua es ahora la lengua común de un pueblo de más de 70 mil personas en la Amazonía ecuatoriana. Es probable que por aquí ya se haya escuchado el quichua que trajeron los habitantes incásicos. Bajo el reinado de los últimos soberanos del Tawantinsuyo ya se habían producido incursiones en la Amazonía.

En la época colonial se sucedieron las misiones de jesuitas, franciscanos, mercedarios y dominicos, que aprendieron un quichua colonizado, adaptado para una evangelización rápida, en los actuales Ecuador y Perú. De ahí la diferencia dialectal amazónica de la lengua del Inca.

A los conquistadores acompañaron los misioneros. Los intereses coloniales mostraban las dos caras de la misma moneda: apropiación de tierras y riquezas y aniquilación de otras maneras de concebir el alma y el mundo. Con la invasión española el quichua se expandió por una extensa geografía, y es posible que los propios indígenas lo hayan aceptado y difundido. Posiblemente el léxico quichua era más apropiado para la nueva situación.

En la actualidad, los quichuas amazónicos explican su ancestral Modelo del Mundo en la lengua traída por los misioneros, y oponen el cielo (hawa pacha), al inframundo (ucu pacha) y ubican en el centro (kay pacha), el espacio de los seres humanos. Sin embargo, no se encuentra entre aquellos la idea del Sol y la Luna que había en el Incario, es decir, entidades divinas de las que habrían descendido los propios incas, y dotadas de poder y razón similares a las de los humanos. Entre los amazónicos a la Luna se le atribuye sexo masculino, brilla en el día y en la noche y hasta puede eclipsar al Sol.

No se puede hablar de los quichuas selváticos sin mencionar a Amasanga, el gran espíritu de la selva que vincula a la gente con su entorno vital y con los pueblos vecinos, que solo los chamanes lo pueden explicar, con ayuda de la bebida visionaria, la ayahuasca, el misterio amazónico por excelencia.

Amasanga implica, hoy por hoy, un concepto renovado de territorialidades otras, muy útil para entender el olvido del Estado-nación ecuatoriano frente al asunto de la globalidad, como lo plantean Johannes Waldmüller y Phillip Altmann.