Rodrigo Fierro Benítez

La querida Tri

Puede asegurarse que el fútbol, cuando se trata de la posibilidad de participar en un campeonato mundial, como el de Qatar, es un asunto que concita la atención de todos. En mi caso soy un aficionado muy especial. Tan solo asisto a los partidos cuando juega la querida Tri, como local. Y hace ya tantísimos años cuando en el estadio de El Arbolito, un pariente Juan Pancho Pérez, de no más de 1.50 mts. de estatura, como delantero del Macará de Ambato, y sus dribles inauditos nos llevaba a los asistentes a un solo grito: ¡Juan Pancho! ¡Juan Pancho!

Y él todo sonreído desde el centro de la cancha nos lanzaba un corte de manga. ¡Qué tiempos aquellos! El técnico del Aucas insistía en que para ganar un partido lo único que se necesitaba era tener huevos, ¡carajo! Jugábamos como nunca y perdíamos como siempre. Desde luego que se daban excepciones gloriosas.

En Guayaquil siempre se jugaba la final de un campeonato sudamericano. Al Puerto Principal se ha dicho, con tres de los de mi jorguita de Quito, también aficionados como yo. En segunda del Directo Quito-Durán. En Guayaquil nos alojábamos en la Pensión de El Pacífico: habitación de 4 camas, ¡con ducha! 10 sucres. El partido Chile-Ecuador en el recientemente inaugurado Capwel, con asientos de tablones. La querida Tri con Ansaldo como guardameta, infranqueable. En una de las primeras arremetidas de los chilenos, frente al arco, un tumulto, Ansaldo en el suelo ¡fracturadas las costillas! Triunfo de Chile…

Me viene a la memoria tal suceso por lo que aconteció en el partido Ecuador-Chile, en Santiago hace pocos días, por las eliminatorias al Mundial de Qatar. En la página de Deportes del Diario EL COMERCIO, en una fotografía de casi media página se le ve al chileno Arturo Vidal lanzándole una patada con la pierna derecha a la cara del defensa ecuatoriano Félix Torres. Tarjeta roja para el cresta. Triunfo de Ecuador. 2 – 0. A un paso, de nuestra participación en el mundial.

Muy bien, por los jugadores ecuatorianos. Bien por el técnico señor Alfaro. Al técnico de la subveinte, señor Célico, le debemos el haber descubierto las potencialidades de nuestros jóvenes futbolistas, los más afroecuatorianos.

Cantera inagotable de buenos futbolistas la población afroecuatoriana. No llegará al 10 por ciento en el contexto nacional. Casi todos de extracción social modesta, de limitados ingresos, con una alimentación monótona a base de plátano, yuca y pescado, y pare de contar como no ser chicharrones de cerdo de vez en cuando. De tragos, nada; ahí estaban las madres, por lo general solas que se habían impuesto la obligación de hacer de sus hijos unos hombres de bien. En tiempos de desconcierto, acosados en todos los frentes, a un paso de constituirnos en un narcoestado, el ejemplo de nuestros futbolistas nos lleva a no darnos por vencidos.

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