Grace Jaramillo

Psiquis republicana

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Domingo 08 de enero 2012
8 de January de 2012 00:03

La carrera de los republicanos para elegir al candidato que le disputará la Presidencia a Barack Obama ha comenzado. Pero más que una contienda de ideas y propuestas políticas, esto ha sido un ‘talk show’ al estilo de Oprah Winfrey. Y no precisamente porque los candidatos han demostrado sus destrezas escénicas contestando preguntas, sino porque han desatado todas sus virtudes histriónicas alrededor de sus obsesiones ideológicas y a veces hasta teológicas.

El peor fue Newt Gingrich que se desató en un mar de lágrimas este 30 de diciembre en un show televisado en Iowa, cuando le preguntaron sobre su madre. El suceso fue tan dramático que tuvieron que cortar momentáneamente el show porque el candidato no se podía calmar. Gingrich tuvo un despunte en las primeras semanas de diciembre, pero todos saben que está en las primarias solo para acrecentar su poder como lobista en Washington. Michele Bachmann –que por suerte se retiró- no se queda atrás. Las tonterías de Sara Palin han palidecido al lado de las de ella. A pesar de poseer el apoyo de las bases populistas del movimiento Tea Party, su candidatura ha sido un verdadero desastre por sus vergonzosas perlas, como decir que “las niñas que reciben la vacuna contra el HPV (papiloma virus causante de cáncer) sufren luego retardo mental”.

Uno podría pensar que los tres finalistas tras el caucus de Iowa no son tan primarios pero, decididamente, son más peligrosos. En el tercer puesto está Ron Paul, un fundamentalista tan extremo que no solo quiere reducir el estado federal, sino acabar con él. Para él no debe haber ni servicios de salud, ni ayuda a los pobres, ni siquiera mínimas agencias estatales. Todo –según él- debe gobernarlo el mercado. Es un supremacista blanco, que quiere abolir las reformas al Código Civil de 1864, pero por raras coincidencias algunos movimientos Occupy lo apoyan. Rick Santorum, senador por Pennsylvania, está obsesionado con el tema del aborto y la contracepción. Su oferta es eliminar a nivel federal toda posibilidad de acceder a uno, aun cuando la madre esté en grave peligro de muerte. Lo contradictorio es que su propia esposa fue sometida a uno para salvarle la vida.

Pero el principal opcionado a la candidatura republicana, Mitt Romney, gana el concurso de las paradojas. Romney aceleró su carrera en los últimos meses gracias a un buen marketing de su vida como empresario exitoso y de cómo sus conocimientos podrían sacar al país de la crisis y promover el empleo. Menos mal, el New York Times y otros medios se encargaron de desempolvar su verdadera historia: resulta que sí fue un empresario exitoso, pero ganó mucho dinero forzando la quiebra de empresas o, despidiendo miles de empleados para luego venderlas a mejor precio y guardar las ganancias afuera. Con un panorama así, todos deberían correr a votar otra vez por Obama, pero nunca las cosas son tan simples como parecen.