La prueba que no pasa la prueba

Usted, lector, seguro que ha escuchado aquello de que “de buenas intenciones está empedrado el infierno”. De nada sirven los buenos propósitos, de no ejecutarse las acciones que sean procedentes y/o de no obtenerse los resultados que se dice perseguir.

En la Constitución del 2008, se estableció que en educación debía haber un organismo evaluador; y, por la Ley Orgánica de Educación Intercultural se creó el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, Ineval –noviembre del 2012- como entidad de derecho público, con autonomía administrativa, financiera y técnica, con la finalidad de promover la calidad de la educación.

El divorcio entre la realidad de la educación media y los contenidos de las pruebas “Ser Bachiller”, ha llevado a la frustración masiva de bachilleres que fueron reprobados en las pruebas para las carreras a las que aspiraban ingresar y se quedaron sin opción a seguir estudios en la educación pública de nivel superior. Como se les indicaba escoger alternativas de carrera, muchos aplicaron a las alternativas y luego las abandonaron y se produjo una matriculación desperdiciada.

La frustración se convierte en desesperación para los bachilleres y sus familias, cuando no se tiene para asumir los costos de la educación superior en planteles privados, siendo que además no hay fuentes de trabajo para los miles de jóvenes con títulos de bachiller que de nada les sirven. En los hechos, se produjo un mercado de explotación de los que hacían negocio ofreciendo preparar a los bachilleres, usualmente con resultados también frustrantes. Semanas atrás se anunciaron correctivos para las puntuaciones que habilitaban la matriculación universitaria, pero en los hechos no se obtuvieron los resultados que se esperaban.
En recientes días ha habido movilizaciones en casi todas las capitales de provincia y se ha requerido el auxilio de la Defensoría del Pueblo. Para evidenciar la procedencia de su reclamo, los demandantes llevaron diplomas, medallas e incluso las bandas de abanderados y escoltas que obtuvieron a lo largo de su trayectoria estudiantil, en prueba de que en la educación media fueron de los mejores estudiantes. Además, mencionan que las preguntas de la prueba no están acordes con lo que ellos han visto durante su vida estudiantil y que las preguntas del simulador oficial, con el que se prepararon, no tenían relación con las de la evaluación. Algunos de los movilizados señalaron que los textos de las pruebas se filtraron, por lo que quienes no rindieron las pruebas el primer día, sino los posteriores, obtuvieron un mayor número de aciertos. Es un tema que habría que investigar.

Las autoridades no pueden ser sordas ni ciegas ante las circunstancias que sufren los bachilleres y sus familias. Debe proponerse soluciones.

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