Farith Simon

Privilegios mortales

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Lunes 13 de enero 2020

Los accidentes de tránsito y sus graves consecuencias son una constante en nuestro país.
Con una de las tasas de muerte por esta razón más altas de la región (20.4 muertes por cada 10 000 habitantes) la situación tiende a empeorar pese a las medidas tomadas. En el año 2019 se redujo el número de accidentes, pero creció el número de muertos, siendo la principal causa de muerte violenta y la segunda causa de defunción de los hombres.

Esto, en parte, se explica por una sociedad marcada por los privilegios, cualquier factor diferenciador hace que muchas personas actúen como si estuviesen por encima de las otras. Tener un vehículo parece ser considerado un símbolo de estatus, que marca un sentimiento de superioridad frente al peatón o ciclista.

Entre los conductores esto se traslada al vehículo, la marca y modelo, mientras más grande o lujoso más importante parece sentirse su chofer. En el transporte público el privilegio viene por el número, la capacidad de presión política o la posibilidad del uso de la violencia ¿cuántos de ustedes luego de un incidente con un taxista o busero han sido amenazados grupalmente?

Los privilegios también se reflejan en las políticas y obras públicas que promueven el uso del vehículo a motor -particular- por sobre las formas de transporte público, con ciclistas y peatones siempre puestos en situación de vulnerabilidad y dificultad.

Basta caminar pocos minutos en una calle para verificar el incumplimiento de las normas, la poca cultura vial de los conductores, la limitada capacidad institucional para hacer cumplir las reglas o su aplicación selectiva, y por si fuera poco una corrupción ampliamente difundida en todos los niveles. Con un sistema de justicia que resuelve pocas causas, acudir a él -para la mayoría de las personas- implica una pérdida de tiempo, enfrentarse a trámites absurdos, prácticas litigiosas tramposas y abusivas, permitidas o toleradas por jueces y fiscales incompetentes o corruptos (obviamente no son todos) que agotan la paciencia y los recursos de quienes buscan justicia. Ejemplo de manual de esto es el caso del ciclista Felipe Endara, golpeado por un vehículo en vía prohibida, con severos daños físicos que han marcado su vida y la de su familia, sigue a la espera de una decisión en una causa con una responsabilidad clara.

Calles y carreteras son espacios compartidos en donde se percibe de inmediato la incivilidad; no se trata -únicamente- de observar la ley, es la forma en que nos relacionamos; la civilidad tiene que ver con el trato respetuoso o amable con los demás, algo ausente en nuestras vías donde la agresividad, la carencia de sentido común y el irrespeto son lo ordinario.

Ignorancia, incivilidad, mala fe, corrupción, incompetencia y desidia que cuesta vidas, tiempo y dinero, las muertes por accidentes de tránsito son un reflejo del país en que vivimos y que no se arregla con más leyes o sanciones más duras.