Alfredo Negrete

El porfiado en la política

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Por el estudio de la historia de la república se concluye que su evolución se nutre de periodos de estabilidad, crisis, transición y búsqueda de una nueva estabilidad. Todo en ciclos cortos. Es probable que se produzca en las sociedades que carezcan de fuertes partidos o de prácticas que conduzcan a la concertación y no a un acuerdo temporal o un pacto de medianoche.

La grave crisis de inestabilidad de 1930 a 1940 nos condujo a la mutilación territorial de 1941 y a su sacralización en el Protocolo de Río de Janeiro en 1942. Luego entramos en una transición que culminó en 1948 y se inauguró una estabilidad sostenida por el “boom del banano” hasta 1961.

Otro periodo de transición y estabilidad más reciente se produjo cumpliendo con el Plan de Retorno en 1979, que duró hasta el juicio político y renuncia del vicepresidente Alberto Dahik en 1995. Luego, todo fue inestable, ridículo y precario hasta la estabilidad y miedo de la “década dorada “que está concluyendo en juzgados y tribunales. A propósito, ¿no existirá algún conductor de autos oficiales acucioso como el de Buenos Aires que haya registrado en un cuaderno las piruetas? No todo debe ser Odebrecht. Debe haber mucho más.
Actualmente estamos en una etapa intermedia de la cual parece difícil que se intente una salida como una constituyente y, menos, un golpe estado. El presidente Moreno, con la pregunta número tres de la Consulta Popular cambió la historia. Lo grave es que el tren avanza al ritmo del ferrocarril de principios del siglo XX y nos acercamos a elecciones regionales y luego presidenciales.

En este escenario, salvo las medidas económicas para compensar el despilfarro correísta que debe pagar el morenismo, no hay otros signos en el horizonte. Esto significa que no hay proyectos confiables y mucho menos acuerdos de mediano plazo. Expresado de manera simple: administrar la tienda de la esquina con menores recursos, conversar con los parroquianos y de repente ver el fútbol.

Los otros países cercanos están en lo suyo que es complejo, pero se vislumbra un derrotero: Macri en Argentina, Piñera en Chile o Duque en Colombia ofrecen perspectivas; de López Obrador habrá que esperar como sortea lo vericuetos de la derecha y cualquier brote peligroso del PRI. En cuanto a Ecuador, vale repetirlo: elecciones, tras elecciones y navegando en una extraña nave que solo tiene remos de un lado. Es decir, da la vuelta, se queda en el mismo círculo. Es un muñeco porfiado, de base semiesférica, que actúa de contrapeso de modo que tras golpearlo siempre vuelve a la posición inicial.” Ventaja o lo contrario para Ecuador, pues siempre está en el mismo sitio.

Por eso sorprendieron, pues no se esperaba que ejercieran con firmeza el poder, Jaime Roldós y Lenin Moreno. No hay que confundir con el de la “década” reciente, que solo fue un tifón que arrastró con todo.