Populismo y democracia

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Miércoles 21 de agosto 2019

Medardo Oleas RodrÍguez
Columnista

Si queremos acabar con el populismo, no solo debemos pensar en las elecciones, uno de los mecanismos democráticos para llegar al poder. Hay que profundizar en la educación cívica y democrática, para que los ciudadanos conozcan sus derechos y fundamentalmente sus obligaciones, porque no debemos solo pedir o, lo que es mas grave, exigir regalos, subsidios, bonos.
Con estas mal llamadas ayudas sociales, formamos gente que no quiere trabajar, que no valora lo que recibe y siempre pide más, y no le interesa ser parte de un sistema donde todos seamos iguales, tengamos los mismos servicios y beneficios, que solo un gobierno organizado puede proveer, como es la educación, salud y seguridad.

Si todos solicitamos bonos y ayudas, debemos pensar que estas salen del presupuesto del Estado, y el Estado no está para regalar dinero, está para invertir planificadamente en bienes y servicios permanentes, no ocasionales o promocionales, para lo cual hay que construir escuelas, colegios y universidades, dispensarios médicos y hospitales, carreteras, entre otros, y estructurar sistema de seguridad ciudadana.

El dinero que se recibe fácil, se gasta fácil, y no ayuda en nada, ni a los pobres, ni a los vulnerables, solo promueve a los lideres populistas, y fortalece un paternalismo que destruye al sistema democrático.

Por todo esto, en el Ecuador debemos crear un sistema democrático eficiente, donde existan verdaderos partidos: nacionales, ideológicos, programáticos, y no movimientos ocasionales creados con firmas falsas o de adherentes ocasionales, que no son otra cosa que personas que firman un formulario sin ningún compromiso. Hay que exigir que todo aquel que quiera hacer política se afilie a un partido político, para que todos consten en un padrón electoral, y en elecciones internas libres, secretas y democráticas, puedan ser elegidos como dirigentes del partido y como sus candidatos, para acabar con los caciques o dueños de los partidos.

Debemos también suprimir el voto obligatorio, porque los ciudadanos no pueden ser forzados a participar en un sistema con el cual no se sienten identificados ni comprometidos. El voto tiene que ser facultativo, para que solo las personas que quieran involucrarse en el sistema democrático voten con libertad, conciencia y responsabilidad, pensando en el país y en su futuro. Es importante la calidad y no la cantidad, por lo que no importa que voten pocos ciudadanos, ya que esto no le resta legitimidad al sistema, por el contrario lo fortalece, porque con gente responsable eligiendo, tendremos buenos administradores del Estado, o una Asamblea Nacional eficiente.

La democracia es motivación, formación, educación y participación, no obligación penada con sanción pecuniaria por falta de participación.