Lolo Echeverría Echeverría

Los políticos a la escuela

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Sábado 06 de abril 2019

Antes de que se disgusten aclaro que la escuela del político es el partido. En el partido es donde deben aprender qué es la administración pública, qué es el liderazgo, cuáles son los límites del poder y cómo se integran los cuadros de gobierno. Asistimos ahora a esa temporada confusa, hiperactiva y errática que viven los ganadores primerizos y no tienen todavía la pose, la desenvoltura y locuacidad de los funcionarios que terminan sus mandatos. En esta temporada es cuando se echa en falta el conocimiento de cosas prácticas y la ausencia de proyecto que tan hábilmente ocultaron durante la campaña, que siempre está alejada de la realidad.

En esta etapa les toca recién establecer definiciones y relaciones con otros partidos, con funcionarios salientes, con el gobierno, con las élites. Empiezan cuidadosamente a nombrar amigos y enemigos. Ahora es cuando se delata el tamaño de los contrincantes y quiénes pueden ayudar en el gobierno y los que pueden hacerlos fracasar. Empieza la búsqueda de colaboradores y la caza de proyectos. Es el momento de la avalancha de amigos, conocidos, agnados y cognados y la necesidad de distinguir entre quienes quieren ayudar y los que quieren sacar partido. Los políticos avezados saben esto pero los novatos pueden empezar mal: y el que mal empieza…

En los partidos se aprendía verdades prácticas, pero no era lo más importante. El valor del partido y la razón por la que conviene recuperar la militancia tiene que ver con la educación política, que se parece a cualquier educación porque tiene los mismos objetivos. Los siete principios para la educación del futuro de Edgar Morin, aplicados a la política podrían resumirse así:

1.- El político debe librar un combate vital por la lucidez porque está siempre amenazado por el error y la ilusión. 2.- El político debe afrontar los problemas globales y fundamentales para escapar de la fragmentación y la simplificación. 3.- La condición humana es el objeto de cualquier política y hay que hacerse cargo de que el ser humano es físico, biológico, síquico, cultural y social. 4.- El político debe enmarcar su acción en la complejidad de la crisis planetaria porque todos vivimos en una comunidad de destino y afrontamos los mismos problemas vitales. 5.- El político tiene que estar formado para la incertidumbre y estar dotado de estrategias para afrontar los riesgos, lo inesperado, lo incierto. 6.- Debe estar preparado para la comprensión entre los seres humanos; para buscar acuerdos y acercamientos necesarios en una sociedad racista, xenófoba, machista. 7.- Cultivar la ética y la democracia, el control mutuo de la sociedad por el individuo y del individuo por la sociedad. El desarrollo implica al individuo, a la sociedad y a la especie.

Los políticos que no tengan estas condiciones deben volver a la escuela. Pero antes, es necesario rescatar las escuelas políticas, restaurar los partidos para que vuelvan a ser centros de formación de los líderes que presentan, como candidatos, a los ciudadanos.

lecheverria@elcomercio.org