Podcast: Entérese con EL COMERCIO, 25 de junio del 2021
El uso de megáfonos en las vías es prohibido en Quito
Un mes de continuas visitas a las playas de Ecuador
Los acupunturistas no han parado durante la pandemia…
Tres escenarios para definir el futuro de F. Carrión…
Alexandra Kennedy: ‘No todo en el país puede ser pat…
El presidente Bukele dice que el uso del bitcóin en …
Maduro reconoce que hay una ‘migración importa…

Podría ir al psiquiatra

Tengo un amigo muy querido psiquiatra de profesión que ha dedicado buena parte de su trabajo a investigar la depresión, la ansiedad y los trastornos de la personalidad. Como es un chico listo (aunque ya no tan chico) no se olvida de temas tan importantes para la persona como el amor y el desamor, la sexualidad y los sentimientos, asuntos que ha reflejado en sus conferencias y escritos convencido de que la vocación primera del ser humano es alcanzar la felicidad.

Me gusta hablar con él, porque es un gran observador de la condición humana y de la sociedad, de la familia y de la amistad. Yo le vacilo frecuentemente y le digo que la suya es una profesión con futuro, con mucho futuro, especialmente en esta sociedad nuestra desquiciada a más no poder. ¿Necesitará nuestra sociedad un psiquiatra? Sin duda que sí. Nuestra sociedad necesita personas que puedan ayudar a que la gente viva de una manera más equilibrada, más sana y esperanzada. Hoy, para muchos, los psiquiatras son auténticos médicos de cabecera, quizá porque somos muchos los que necesitamos mejorar nuestro equilibrio psicológico. Un equilibrio que se sostiene sobre la trilogía del amor, del trabajo y de la cultura. Un equilibrio que no es fácil dado el pluralismo de ofertas, ideologías, oportunidades y experiencias posibles que nos bombardean por doquier. Nos pasamos la vida soñando lo inalcanzable, deseando ser diferentes, mirándonos en el espejo de ídolos que nunca nos pararán bola.

Si hubiera una tienda especializada, les animaría a comprar cultura. La cultura es un negocio de cinco estrellas, pero para triunfar en él hay que leer y alimentar la curiosidad por el arte, la literatura, la música o el cine y trascender la palabra o la imagen y pasar del significante al significado. Suelo yo decir que la cultura es el sedimento que se hospeda en nuestro interior, una especie de basamento que sostiene el edificio de nuestra vida. Una persona culta no busca el relumbrón, ni el poder que crea servidumbres, ni la aprobación de los demás; busca más bien lo mejor, aquello que nos hace justos, amorosos y libres.

Hoy la sociedad se mueve muy deprisa. Y lo que empieza aprisa suele terminar aprisa. Me apena cundo veo muchachos de quince años que ya han vivido demasiado. Y me duele, precisamente ahora en que siento que comienza a faltarme el tiempo para poder hacer todo lo que soñé. Como que la gente se quema pronto y las desilusiones nos devoran o nos doblan.

No sé si la gente entiende mucho del consciente, el inconsciente y el subconsciente. Pero cuando mi amigo psiquiatra me quiere meter por esos andurriales yo noto que tiendo a hablar del amor, de la capacidad de amar y de dar la vida, de la capacidad de ponerse en el lugar del otro y de sembrar esperanza, aunque duela. Creo que el amor no siempre coincide con el bienestar. A pesar de ello, amar es siempre el gran desafío.