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Plaga siglo XXI

Como cuenta la Biblia que existieron, en Egipto, siete plagas, Latinoamérica parece asolada por otras tantas. A saber: La pobreza, el hambre y la desnutrición, la ignorancia y el analfabetismo, la corrupción, la crisis institucional y la falta de una democracia real y efectiva. A ellas se suman cada vez con más fuerza y como consecuencia de varias de las anteriores: el narcotráfico y la violencia.

Recientes artículos de escritores-columnistas advierten sobre esta dura realidad del continente y refieren incluso a literatura admonitoria.

El crimen organizado y el delito del narcotráfico dejan un reguero de sangre. Les cuesta a los pueblos miles de vidas humanas, corrupción y crisis institucional -se recrea en ella, a su vez, la multiplica- compra la justicia e incide en el poder político, transforma la vida de la gente, pinta la alegoría del dinero fácil y muestra el espejismo de una vida más próspera a humildes y marginados, alienta falsos arribismos y lujos impensables en las capas medias y hasta cautiva a los poderosos y sus ocultas ambiciones.

Colombia, hermana república unida al Ecuador por historia y una larga frontera común ha sido víctima de este azote sin concesiones y con trágicos resultados.

Hoy, México está en la vitrina de la opinión pública y sus muertos ya cuentan 15 mil, según últimas cifras publicadas. Los carteles penetran el poder político, amenazan o aniquilan a los gestores de justicia, atemorizan a la prensa libre que denuncia sus tropelías y tienen enmudecida y aterrorizada a la sociedad entera.

Los analistas miran en el futuro inmediato a Centroamérica como territorio propicio para que esa mortal batalla se traslade, aprovechando el caldo de cultivo de las maras (pandillas) y el débil tejido institucional. Ya en días pasados la presidenta electa de Costa Rica, Laura Chinchilla advertía de los problemas de seguridad que su nuevo Gobierno asumirá.

Un reciente artículo del diario Miami Herald se refiere a los tentáculos del crimen organizado en el Ecuador. Pese a la protesta oficial por afectar a la imagen pública, la penetración en nuestro país de carteles de la droga, las operaciones ilícitas que por cierto en muchas ocasiones la policía ha detectado y los laboratorios desmantelados dan cuenta de su existencia. A nadie escapa que en Colombia la asociación del narcotráfico con la guerrilla de las FARC ya ni se discute, se lo da por hecho y la posibilidad de operaciones clandestinas, sin el consentimiento de autoridades ecuatorianas, es un tema viejo.

La frontera norte del Ecuador es permeable, son muchos kilómetros, hay selva espesa, control insuficiente pese a los esfuerzos de las autoridades y uniformados y mucho dinero sucio por medio.

Otra vez se abre un espacio para un debate: la legalización y despenalización de las drogas para acabar con el negocio podrido y sus criminales promotores.

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