Pablo Cuvi

Mientras dure la peste

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Sábado 07 de marzo 2020

La peste negra que se cargó a la mitad de la población de Europa asoló Florencia en 1348. Para escapar de ella, siete muchachas de la aristocracia y tres hombres se refugiaron en una hermosa villa campestre. Allí, como diversión, cada tarde se contaban historias pícaras, como aquella de Peronella que copula con su amante contra la tinaja que limpia su marido por dentro. O la del joven que se hace pasar por jardinero sordomudo para satisfacer a las monjitas de un convento, quienes festejan que haya recuperado el habla con semejante trajín.

Tal es la estructura del Decamerón de Bocaccio, obra pionera del Renacimiento cuyos aires humanistas y mundanos empezaban a socavar la rigidez medioeval de la Iglesia. Cuánta no sería su frescura que nueve de esos cuentos fueron llevados al cine con talento y desenfado por Pier Paolo Pasolini, el director contestatario y gay asesinado en 1975.

La llegada de otra peste, la del fascismo a Salamanca en 1936, y el conflicto que genera en el espíritu atormentado de don Miguel de Unamuno, escritor reconocido por todos y rector de la Universidad de Salamanca, son el tema de la flamante película de Alejandro Amenábar, ‘Mientras dure la guerra’. Unamuno es el intelectual, cristiano pero arrogante, que se opone a los extremismos: fue antimonárquico y estuvo inicialmente con la República pero cuando anarquistas y comunistas empezaron a sembrar el caos, apoyó el alzamiento militar pensando que ellos pondrían la casa en orden.

La película empieza cuando comprende que son una banda de criminales que están eliminando a sus pacíficos amigos de Salamanca. Ha cometido el mismo error de juicio que la burguesía alemana cuando creyó que podía utilizar a Hitler y descartarlo. O que la DC chilena que apoyó inicialmente a Pinochet y este mandó envenenar a Eduardo Frei.
Presionado por su hija y queriendo enmendar, en su discurso del Día de la Raza, Unamuno cuestiona a los falangistas, quienes le gritan “¡Traidor!”, lo mismo que gritaron los garroteros del fascista Daniel Ortega al cadáver de Ernesto Cardenal cuando era velado este martes en la catedral de Managua.

¿Qué aprendió el actor Karra Elejalde tras haber encarnado magistralmente al pensador vasco? “Que en 83 años no nos hemos movido ni un milímetro”, dice. En efecto, ahí está el partido franquista Vox que cada día cobra fuerza; y está en el Gobierno el chavista Pablo Iglesias, quien también recibió paga del correísmo; y están los separatistas catalanes distorsionando con descaro la historia…

No solo pasa en España, claro, pues el fascismo revive con Bolsonaro en Brasil, pero hay también una corriente que se viste de izquierda, como en Venezuela y Nicaragua, a la que se aplica aquello de que el fascismo es un matón con un ejército detrás. Y dura más y es mucho más letal que el coronavirus.