Marcelo Ortiz

El peso de las palabras

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Jueves 26 de julio 2012
26 de July de 2012 00:01

El sometimiento de la sociedad ecuatoriana a vivir en el espejismo revolucionario del gobierno correísta, ha culminado en la inanición política. Si bien el último evento electoral de mayo-2011 desarticuló el triunfalismo por las mínimas fracciones con las cuales ganó el Sí, cumplió el máximo objetivo que tuvo esa consulta: destruir el principio de la separación de poderes al suprimir la independencia de la justicia.

Al silenciar abierta o subrepticiamente las críticas al Gobierno, cuando en los próximos seis meses los partidos y movimientos de oposición intenten impedir la reelección, será difícil que se difundan sus mensajes, propuestas y peor denuncias, porque todos los mecanismos del poder están programados para que los votos sean conducidos por el vocerío oficial. Por eso las otras corrientes que podrían conducir al electorado a buscar los caminos democráticos, actualmente cerrados, no tendrán cauces adecuados para el tránsito de sus ideas expresadas en otras candidaturas.

Ha quedado al descubierto, sin escrúpulos, la absorción de los poderes Judicial y Legislativo por la Presidencia, y como no existe ninguna instancia democrática ni de resolución, peor de apelación, después de la convocatoria a elecciones de octubre concurriremos sumisos, a mediados de febrero del 2013, a dejar nuestros votos bajo el imperio de la violencia institucionalizada, que ha conducido al ambiente asfixiante que respira la sociedad, y al miedo de expresar criterios contrarios al gobierno.

A las fuertes voces críticas que han quedado en los medios impresos, radiales y televisivos independientes, después de haber obligado a separarse a notables periodistas, los están convirtiendo en débiles eslabones estigmatizados como la necia oposición enfrentada a no tener respuestas de los cuarenta o más ministerios de Estado porque la única voz oficial es la del Presidente de la República que llega a la apoteosis todos los días sábados del martiriologio político, producto de la locuacidad que tiene toda investidura con poder absoluto.

Editoriales y criterios adversos a la verdad oficial expresados en las páginas de opinión independientes que, hace 5 años, servían para corregir errores, investigar y sancionar la corrupción, redactar leyes conforme a realidades, están convirtiéndose en voces sitiadas por el espejismo en que la sociedad ecuatoriana ha sido enmarcada, son el equivalente de un “material basura”. Velasco Ibarra decía que los criterios adversos a su gobierno escribían “los intelectualoides”. Siempre fueron leídos y comprendidos por minorías, pero influían en el ejercicio del poder. Ahora esas críticas equivalen a sonidos inaudibles para las cúpulas del poder.