Reinaldo Páez

Hacer patria

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Martes 11 de junio 2019

Decía Benjamín Carrión, el gran promotor cultural ecuatoriano “Si no podemos, ni debemos, ser una potencia política, económica, diplomática y menos, ¡mucho menos! militar, seamos una gran potencia de cultura, porque para ello nos autoriza y nos alienta nuestra historia”.

Han transcurrido 40 años de ausencia definitiva de este polifacético prohombre y su esperanzadora proclama retumba ansiosa de una respuesta colectiva que llega en un eco estentóreo, portador de desazón y vergüenza: la política ha gestado una cultura de apabullante corrupción: coimas, sobreprecios, depósitos inconmensurables en lares inalcanzables, utilización de fondos recaudados, con fines humanitarios, en campañas partidistas (clarísimo acto de peculado), delaciones y deleznables justificaciones, conjugan la triste realidad de un país arrasado por el saqueo económico y moral.
El hurto de miles de millones de dólares se refleja en el deterioro de varias instituciones, entre ellas, las de salud, cuya administración cuestionada se prolonga desde el gobierno anterior, con la misma ministra.

El ministerio no aprueba, desde hace 5 años, el cuadro básico de medicamentos, elaborado y presentado en el 2017, por el Consejo Nacional de Salud (Conasa) y muchos enfermos, imposibilitados de recibir estos fármacos, se han agravado y fallecido (cánceres, leucemias y severas infecciones infantiles). Si un medicamento no consta en le cuadro básico de medicamentos (CBM), no puede ser importado y si el médico lo receta, corre el riesgo de ser enjuiciado.

La falta de dinero asusta a la inexperiencia de los funcionarios que, invadidos de pánico, se enredan en acciones absurdas: no adquieren medicamentos y disminuyen los salarios de los internos rotativos que inician su sacrificada labor profesional.

Cada día se identifican más integrantes de esa cloaca que se ha abarrotado con dinero ajeno. Si la codicia y el hurto han descalabrado a la sociedad, rectifiquemos, ahora, nos esforcemos por alcanzar la recuperación de la moral, de la cultura y de la ética del país.

La Señora Ministra de Salud debe privilegiar a los enfermos y a los profesionales que los atienden, tiene que actuar con patriotismo y concretar acuerdos con las casas farmaceúticas, con los médicos, con el SRI, con el Ministerio de Finanzas, con empresarios, con los auténticos representantes de los gremios profesionales y solicitar la colaboración y el respaldo que, para hacer patria, muchos, si no todos, le brindarán.

Tendrá que organizar las finanzas, hacer auditorías que le demuestren cuántos de los médicos familiares extranjeros, contratados masivamente y a altos costos, son útiles, para prescindir del resto. Es imprescindible una planificación con universidades, con el Consejo de Educación Superior y con sus entes de programación, para determinar el número de médicos que el país necesita y el de profesionales que deben egresar cada año. La retórica y el lenguaje fluido son agradables y entretienen, pero ocultan la incapacidad y el fracaso.