Vicente Albornoz Guarderas

El paso para atrás

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Domingo 06 de septiembre 2020

Siempre es lindo dar pasos hacia adelante. El problema es que por cada milímetro que se avanza, también se puede perder lo ganado. Y eso le está pasando al país. Mucho se ha logrado y, por lo tanto, mucho se puede perder.

Cuando el precio del petróleo se desplomó en el último trimestre de 2014, todo un modelo económico se vino hacia abajo. Claro que eso no era un modelo sino un espejismo. El Ecuador había vivido una irrealidad desde 2006 hasta 2014, con un entorno internacional que parecía sacado de un cuento de hadas, con un precio del petróleo récord, bajas tasas de interés y un dólar depreciado, entre otros.

El mundo nos sonreía pero quienes manejaban la economía del país se gastaron hasta el último centavo de los enormes recursos que esa época de abundancia nos daba. Y la suma de ingresos petroleros y créditos externos nos permitieron vivir período de crecimiento artificial financiado por un despilfarro sin límites.

Pero, como todo es eterno hasta que se acaba, esos años de despreocupado derroche terminaron, luego vino un terremoto, luego se robaron toda la plata que nos obligaron a pagar por el terremoto y unos años después vino la peor crisis de la economía mundial con el confinamiento por la pandemia.

Los ingresos se esfumaron, los créditos se extinguieron y para marzo 2020 la pandemia se ensañaba cruelmente con el Puerto Principal. Para fines de abril, el precio del petróleo llegaba a ser negativo y todo parecía caerse en pedazos. Seguro que más de un ser carroñero veía esto con buenos ojos, ilusionado de poder saciarse con las ruinas de un país que parecía no tener salida.

Pero las cosas empezaron a cambiar cuando en mayo la Asamblea aprobó las leyes Humanitaria y de Reforma Fiscal. A pesar de sus evidentes imperfecciones, ambas fueron un paso importante para dar alguna salida al país y, sobre todo, para reforzar la convicción de que habría una luz al final del túnel, que sólo era cuestión de buscarla con más decisión.

Luego vino una exitosa renegociación de la deuda externa en bonos, seguida por un acuerdo con el Fondo Monetario y la constatación definitiva que sí hay una luz al final de este tortuoso túnel. Hoy, la dolarización se ve más sólida que nunca, con un escudo de más de $6.500 millones que podrían llegar del FMI y que son parte del oxígeno necesario para salir de este embrollo.

Que haya una luz al final no significa que hayamos salido del túnel ni que no podamos retroceder. Los fallos judiciales a favor del pago inmediato de sueldos y contra la recaudación anticipada de impuestos y la reducción del presupuesto asignado a municipios y universidades públicas, dejan claro el peligro de retrocesos. Y ni hablar de los juicios políticos. Peligrosos pasos para atrás.