¿Qué va a pasar?

Uno de los problemas de escribir una columna de opinión es que alguna gente suele preguntarme qué va a pasar. El último fue mi dentista, un tipo joven, simpático y conversón que, armado de la fresa, me preguntó a boca de jarro (nunca mejor dicho) quien creía yo que iba a ganar las elecciones. Recostado con la boca abierta y las luces contra mi cara, como cualquier encuestador a sueldo traté de adivinar quién le gustaría a él que gane, pero solo atine a emitir unos gruñidos que un politólogo de la Flacso habría interpretado como: “La división de la derecha lleva a que…” O, mejor todavía: “No tengo la más p. idea” (p. por peregrina).

La verdad es que nadie sabe lo que va a pasar, ni siquiera Wall Street, que cerró a la baja el lunes, asustada por el coronavirus y la tardía reacción del Gobierno chino a una pandemia que significa un duro golpe a su economía. A ello se añaden un Trump imprevisible, capaz de cualquier atropello, el salto al vacío del Brexit, un Medio Oriente en llamas y las manifestaciones en América Latina
Acá, la mitad de los quiteños tiene más miedo al retorno de Correa y de la movilización indígena (condecorada por el sucesor de Tuárez) que a la llegada del coronavirus. Tras la disolución de la DP y la claudicación correísta de los ID, la capital, su clase media, que era el centro del pensamiento político, luce apática y desorientada, sin alcalde, ni organización ni líderes confiables que definan el camino a seguir.

Ahondando en el tema, el consultor político Pipo Lasso constata el fin del modelo izquierda–derecha y el hecho de que la nueva generación se mueve más por temas personales que por causas políticas. Eso debilita aún más las antiguas certezas y un orden democrático que se asentaba mal que bien en partidos e ideologías, aunque estaba amenazado siempre por caudillos populistas.

Al mismo tiempo, el fenómeno abrumador de las redes, donde quienquiera emite mensajes y opiniones instantáneas, va minando la función de columnistas, dirigentes, sociólogos y predicadores, reemplazados en los smartphones por la frivolidad sin límites de las influencers. Para muestra un botón: la actriz Gwyneth Paltrow, de ‘Shakespeare in love’, comercializa unas velas que despiden el olor de su vagina. Y agota stock.

Sí, nos hallamos ante un nuevo mundo y solo una élite dispone de las herramientas intelectuales para comprenderlo y manipularlo. Por eso la terrible sensación de inmediatez e incertidumbre que nos agobia ante la crisis financiera, el calentamiento global, el circo de hielo del Gobierno y un CNE de la peor partidocracia.

Como reacción crecen los nacionalismos, la ultraderecha y los vendedores de milagros económicos tan rancios como la pomada de la gran bestia.

No es la primera vez que la humanidad se enfrenta a un cambio de época, pero al paso que vamos bien puede ser la última.

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