Enrique Ayala Mora

Partidos necesarios

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Viernes 31 de agosto 2012
31 de August de 2012 00:03

En este país, desde la vorágine velasquista que comenzó en los años treinta del siglo anterior, pasando por las crónicas dictaduras militares, hasta la agresiva y persistente campaña del actual Gobierno, se culpa a los partidos políticos de los males de la sociedad, aunque se usan sus mismas mañas, o hasta peores. Se los denigra, invitando a la ciudadanía a que ni se acerque a ellos, aunque al mismo tiempo se reconoce que sin partidos no hay democracia.

Esta última es una gran verdad. Para que en un país rija la democracia, es preciso que funcionen partidos políticos dentro de un sistema que promueva la representación y la participación. Sin renunciar, desde luego, a la indispensable crítica, se debe propiciar y apoyar a que los partidos se desarrollen como espacios de relación entre la sociedad y el poder público.

Estar afiliado a un partido político es un acto libre que pocos se atreven a dar. No es fácil hacerlo, porque representa un compromiso de disciplina y muchas limitaciones, entre otras, el no poder acceder a las dignidades en el poder judicial y otros órganos del Estado, ya que se considera a los afiliados a los partidos ciudadanos de tercera clase. Es mucho más fácil hacer política sin riesgos desde las cámaras de producción o la televisión, desde la dirigencia deportiva o los organismos no gubernamentales.

Ante esta situación hay que hacer algo. Nadie justifica lo sucedido con las firmas presentadas ante el Consejo Electoral para legalizar a los partidos y movimientos políticos.

Hay que investigarlo y sancionar a los responsables. Pero el requisito imposible y absurdo de presentar tantas fichas de afiliación como el 1,5% del total del padrón electoral, debe ser eliminado. No se lo puede cumplir sin fabricar afiliaciones o hacer funcionar todo un aparato de gobierno y sus clientelas. Y ambas cosas son indebidas.

Es absurdo seguir sosteniendo que los requisitos formales reemplazan a la vida partidaria, a la militancia, a la estructura real de los partidos y movimientos políticos. Las instituciones políticas no se consolidan con trampas como la exigencia de adhesiones chimbas. Lo hacen cuando tienen garantías de reclutar verdaderos afiliados y cuando demuestran que tienen un respaldo electoral mínimo en sucesivas elecciones. Un sistema de partidos no se induce “desde arriba”. Se construye “desde abajo”.

Si se persiste en poner condiciones incumplibles, solo se logrará que no haya partidos, sino remedos de ellos.

Si queremos que en el Ecuador avance la democracia y se consoliden sus instituciones, debemos abandonar la actitud perversa que reconoce la necesidad de los partidos políticos y al mismo tiempo los sataniza.

Debemos poner reglas claras y viables para su funcionamiento y no trampas que solo favorecen al caudillismo y al oportunismo.