Pablo Cuvi

¡Paola liberada!

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Sábado 28 de diciembre 2019

Me han preguntado qué imágenes políticas me impactaron más este año: ¿las marchas multitudinarias, el vandalismo, la represión? No: fue una escena calmada y cínica la que me sacudió por sus implicaciones éticas y políticas y porque nos hunde en la impotencia, la vergüenza ajena, el desaliento: hablo de la foto de Cristina de Kirchner presidiendo el Senado de la República argentina.

Teniendo presente la lista de delitos por los que están encausados esta señora y sus socios, esa foto genera un vértigo temible porque uno se pregunta qué tipo de sociedad reelige tales autoridades y cuál es el mensaje para la niñez y la juventud argentinas que, a mediados del siglo pasado, se contaban entre las más educadas de América.

Pues se trata de una sociedad corroída por décadas de fascismo y peronismo, que anuncia al mundo que violar la ley sí paga si dispones del poder político y la organización como para salirte con la tuya. Aceptado esto, ¿quién diablos querrá trabajar honradamente, ahorrar y planificar si su destino depende de semejante gente? Ya el tango Cambalache hablaba de un mundo donde “el que no llora no mama y el que no afana es un gil”. Cien mil maestras de escuela no pueden contrarrestar el perverso ejemplo de una Cristina lavada la cara por las elecciones, bendecida por el Papa y venerada por los correístas que sueñan con lograr lo mismo acá.

De hecho, lo intentaron en octubre con sus aliados indígenas, lo que nos recuerda las imágenes de abuso y revancha escenificadas en el ágora de la Casa de la Cultura, donde un empleado de la Prefectura casi mata por la espalda a Freddy Paredes. ¿En qué se asentaba esa prepotencia de Vargas e Iza que les permitió humillar a periodistas y policías y exigir con insultos la destitución del presidente de la República? ¿Representaban acaso al pueblo ecuatoriano y protegían a la Naturaleza de la contaminación generada por el consumo subsidiado de combustibles? ¿Eran yachac taitas que venían a iluminarnos, o simplemente disponían de la fuerza de choque necesaria para imponer su voluntad a palazos y hacer una demostración de cómo será el nuevo Gobierno revolucionario?

Además, contaban con el apoyo de universidades, organizaciones de izquierda y ecologistas, alcaldías y prefecturas, apoyo que se nutre del complejo de culpa de muchos mestizos que hallaron justo que los manifestantes picaran piedras centenarias, derribaran árboles e incendiaran la Contraloría para limpiar el pasado de los jerarcas correístas.

A los golpistas les falló por un pelo, pero no descansan: mientras los quiteños cantaban villancicos, ellos liberaban a Paola y Virgilio. Tarde o temprano las volquetas de la Prefectura irán colmadas de fieles a recibir al mesías, que en la escalerilla del jet posará para la foto de su renacimiento.
pcuvi@elcomercio.org