Alexandra Kennedy-Troya

Panamá: memorias devueltas

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Jueves 13 de febrero 2020

Era la década del 80 y yo una joven profesora entusiasta, sin pelos en la lengua. La Universidad Católica de Quito –la entonces Facultad de Ciencias de la Educación- recibía alumnos de todos los sectores; uno de aquellos pocos lugares en una universidad privada que lo hacía. El ambiente solía ser amable y relajado hasta que llegaron los años de la presidencia de Febres Cordero. Se empezó a sentir un ambiente viscoso, extraño, resbaladizo. Algunos alumnos advirtieron que las clases estaban siendo grabadas; que había gente “infiltrada”, que los docentes debíamos tener cuidado y observar mucho.

Antes nuestros sorprendidos ojos, la policía irrumpió en varias ocasiones. No se nos explicó nada. Había temor… Y de repente los titulares de todos los diarios amanecieron con la noticia del secuestro del banquero Nahím Isaías por parte del grupo guerrillero Alfaro Vive Carajo. En el operativo de rescate murió, como sabemos, Isaías y uno de los jóvenes intelectuales del grupo, Juan Carlos Acosta. Al día siguiente de este evento desapareció mi alumno Mauricio; él y otros fueron encarcelados y torturados. Y nadie se atrevió a visitarlos… Los dejamos a su suerte. La derecha había ganado una vez más.

Volví a recordar estos y otros pasajes de nuestras vidas en aquella década –dolorosa, atravesada de desesperanza- al ver la película “Panamá” de Javier Izquierdo. Un diálogo/encierro de dos compañeros (ex Colegio Americano) que tienen un encuentro fortuito en Panamá, ambos atrapados en su propia circunstancia: el uno parecería parodiar la vida de Acosta, alguien que en sus silencios y sus comentarios entrecortados oculta algo, y el otro, el arribista social y charlatán casado con la hija de un hombre rico que también vive la tragedia de haberse “vendido” al capital. Los diálogos corridos entre ambos son extraordinarios; Jorge Izquierdo, el guionista, hizo un gran papel. Las tomas en blanco y negro, son de una elocuencia sutil y los acompañan maravillosamente.

A fines de la década siguiente, relata Izquierdo, en los círculos universitarios estos eventos seguían en el aire y retornaban como un modelo para liberar a nuestros pueblos oprimidos. Mas al presente, con la distancia temporal de casi 50 años, y abordado el tema desde la ficción, no esperó una reacción tan fuerte por parte de quienes vivimos aquello. La memoria parece aún intacta.

Impresiona la actuación de Diego Coral y Jorge Alejandro Fegan. La referencia principal “My Dinner with André” del director Malle (película de los 80), se diluye al verla, al sentir las posturas radicalmente opuestas de amigos educados en un mismo lugar pero que representan caminos opuestos. Esta película, lejos de quedarse en la ficcionalización de pasados eventos, nos lleva a reflexionar nuevamente sobre lo chatas y banales que resultan nuestras elites.