Benjamín Rosales

Palestina

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Lunes 03 de octubre 2011
3 de October de 2011 00:01

En noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la creación de dos Estados, uno judío y otro árabe en Palestina, territorio entonces bajo administración del Reino Unido desde la caída del Imperio Otomano, al final de la Primera Guerra Mundial. 60 años antes había comenzado en Europa el movimiento sionista que promovía el retorno de judíos a la tierra que ese legendario pueblo había habitado en épocas bíblicas.

El R.U. fue incapaz de hacer cumplir el mandato de la ONU por la oposición de naciones árabes que no aceptaban la existencia de un Estado judío en la región y de judíos que querían ampliar el territorio a ellos asignado. Con la creación de Israel, el año siguiente se inició la primera guerra entre el nuevo Estado y sus vecinos. El triunfo judío consolidó a Israel y dejó los territorios de Cisjordania y Gaza bajo administración jordana. Después de la guerra de los seis días, en 1967, el Estado judío ocupó esos territorios palestinos y en los últimos veinte años los líderes más radicales de esa nación han promovido colonias en tierras árabes.

El 24 de septiembre, el presidente palestino Mahmud Abbas presentó a la Asamblea de la ONU la petición de reconocimiento como Estado. Lejos de ser este hecho un mayor peligro para el avance del alargado -y muchas veces interrumpido- proceso de paz (63 años), el pedido implica un reconocimiento tácito del Estado de Israel por parte de la autoridad palestina y esto, en sí, debe ser visto como una gran oportunidad.

Habrá extremistas que se opongan al avance de la paz, los de Hamas en Gaza que no aceptan la existencia de Israel, e israelitas que creen que judíos deben colonizar más territorios en Cisjordania, no reconocen la usurpación de tierras ni aceptan el reconocimiento de un Estado árabe separado, como dispuso la ONU en 1947.

El Consejo de Seguridad está considerando el pedido palestino, si lo acepta mayoritariamente, debe dar plazo y designar árbitros para que termine exitosamente el proceso de paz. El Gobierno de EE.UU. cometería un serio error si se deja influenciar por fundamentalistas religiosos, que aspiran a que Israel ocupe todo el territorio bíblico y se oponen a una negociación justa para las partes, y veta el reconocimiento de Palestina. Estaría dando la razón a millones de árabes que consideran que EE.UU. se parcializa para favorecer a extremistas israelitas.

El reconocimiento del Estado palestino lo pondría en iguales condiciones para negociar con Israel, reforzaría el liderazgo de Abbas y disminuiría la influencia de Hamas en Gaza. La sobreentendida aceptación del Estado de Israel por los palestinos deberían ser buenos augurios para que llegue la paz a la región.