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De nuestras palabras

¡Hablar de poesía? La poesía que alimenta la vida supone suprema síntesis. El logro de un poema -hecho de intuición, sensibilidad, emoción y dominio del idioma hasta decir lo indecible.

Entraré en la palabra, instrumento de creación. Tiempos hubo en que, en el Ecuador, debíamos hablar el español de España: pulir la pronunciación, no comernos consonantes finales ni deslizar quichuismos en el habla. Ninguna característica mestiza era aceptable en la lengua ni en la vida. Siendo el de España el ‘mejor’ español, nuestra expresión debía cumplir con el lema:’limpiar, fijar y dar esplendor’.

Giros quichuas intraducibles que penetraron hondamente en el habla: ‘le mandó sacando’, ‘dejarás cerrando’, o las formas de ‘dar’ más gerundio que atenúan el imperativo hasta volverlo ruego: ‘Da diciendo que voy a volver, no seas malito’, de significado y sintaxis subvertido eran anatematizados. Amarcar o marcar: ‘tomar en brazos’, o ‘apadrinar en el bautismo’; guagua, ‘niño tierno’ voz cuyo uso, según fray Domingo de Santo Tomás, era exclusivo de la madre para nombrar a los hijos; huiñachishca, ‘hijo adoptivo’; guambra, chuso, chaquiñán, chacra, huasipungo, huacho. E híbridos quichua-español: Limpiopungo, ‘puerta limpia’; caballo chupa, ‘planta medicinal’; Chimbacalle, ‘la calle del otro lado del río’, se preservaban para la intimidad.

Nuestra cocina ganó la ardua batalla: el locro, el timbushca, los llapingachos, las choclotandas, el caucara, el champús, el sango, la chuchuca, el mote, el chulco, la mashca, todo lo comemos deliciosamente en quichua.

Sazonamos la comida con rocoto, y tomamos la chicha de jora. Existen, en el español serrano, muchas ‘seudomorfosis’ quichuas: hablar significa tanto “hablar” como ‘reñir o reprender’; hablar atrás es ‘murmurar’; llevar, significa ‘llevar’ y ‘traer’; el ocioso es un ‘come de balde’. Llamamos al abuelo ‘papa grande’ (jatun taita) y ‘dedo mama’ al pulgar. La bola más grande de la macateta, es la ‘bola mama’; la cuchara grande de madera, la ‘mama cuchara’ o ‘cuchara mama’.

Términos, construcciones, estilos del habla de esta patria que cuenta con una poesía tan poderosa cuanto desconocida. Por esto, la labor que ‘Poesía en paralelo cero’ ha emprendido, de traer al Ecuador a poetas significativos de España y América, es digna de agradecer.

Entre los poetas, Juan Gelman nos dio profunda muestra de su condición poética: “A este oficio me obligan los dolores ajenos, / las lágrimas, los pañuelos saludadores, / las promesas en medio del otoño o del fuego, / los besos del encuentro, los besos del adiós, / todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre. // Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos, / rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.