Juan Esteban Guarderas

El país maquiavélico

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Viernes 26 de abril 2019

Ya nada (amo esta expresión tan de moda). La gente no retiene los mensajes correctos, se queda con ideas fáciles y erradas, modificando los significados verdaderos. Luego se acostumbra a los desaciertos, los usa con frecuencia consagrándolos y terminamos con palabras con etimología torpe. Ya nada.

Dantesco según la Real Academia Española de la Lengua significa, “que causa espanto”. En la Divina Comedia apenas un tercio –y la porción menos significativa– es el relato del infierno. Por el contrario, la mayor parte de la obra tiene que ver con el camino a la salvación, con el cielo, lo sublime, lo altruista. Injusto, pero así somos.

A la palabra maquiavélico le dimos el significado de “astuto y engañoso” (no creo que astuto sea la palabra más adecuada para describir nuestro país... engañoso se acercaría más). Pero en todo caso es una definición errada. También se la suele identificar con la máxima “el fin justifica los medios”, impropio también; el pensamiento del renacentista no se agota con esa idea.

La esencia de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo no tiene nada que ver con una exaltación de la astucia, una apología a la mentira, o una máxima utilitarista. Lo clave, lo medular de la obra del italiano es esto: el poder como un objetivo en sí mismo.

No es la búsqueda del poder como un medio para conseguir el bien de la nación, o como un paso necesario para ejecutar un proyecto político. No. El poder es la meta última, sin importar los medios, sin consideraciones éticas, sin que este fin deba compartir prioridad con otros ideales.

En nuestro país el Estado es lo más importante. Es un leviatán que llena el espacio. Las empresas, la sociedad, las costumbres, están todos a la sombra del Estado. El sueño ecuatoriano es ser funcionario. Esta visión del aparato público es uno de los horrores que nos dejó la nefastísima era de Correa.

Entonces vemos que los ecuatorianos somos unos caballos que corren desbocados en pos de un rol más sabroso en el Estado. Hoy, el Ecuador es un país maquiavélico, donde todo (¡todo!) lo que hacen los políticos es la búsqueda del poder como un modus vivendi, como una razón de ser y de existir.

Justifican lo injustificable para tener poder. Trapichean, negocian y se alían con quien sea para tener más poder. Aceptan cualquier cargo aunque no estén capacitados para ello, por el sabor del poder. Sin ver por el retrovisor dónde queda el país. Sin un mínimo componente de patriotismo en sus acciones.

Si en otros países el poder también enloquece, ¿por qué llamo al nuestro el país maquiavélico? Simple. La pureza del maquiavelismo ecuatoriano es extrema. Son solo contadas excepciones aquellas donde las ansias de poder se matizan o combinan con ideales de patriotismo. Ya nada.