Óscar Vela Descalzo

Un padre ausente

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Domingo 28 de octubre 2018

Trato de imaginarme lo vacía que debes tener el alma para haber abandonado a tus hijos desde que eran unos niños. Cierro los ojos para intentar ponerme en tu lugar y solo descubro alrededor una inmensa desolación. Por fortuna, cuando vuelvo a mi espacio, a mi vida, me encuentro rodeado del amor de mis hijos, de su cariño, de sus ocurrencias, de su alegría. Y entonces me pregunto: ¿Qué haces tú cuando despiertas rodeado de nada, sin sus voces, sin sus abrazos ni su cariño?

Debo decirte que a pesar de todo lo que vivieron tus hijos, a pesar de tu alejamiento injustificable e imperdonable, son unos seres humanos extraordinarios, distintos a ti. Más allá de algún rasgo físico, ineludible cuando interviene la genética, ellos se han forjado con el amor de la madre y de una familia que siempre los ha cobijado y protegido, y con el cariño de tantos amigos cercanos que les quieren bien por lo que son y expresan a diario. En tu caso, en cambio, ¿hay alguien que todavía te quiera bien?

Posiblemente el corazón de tus hijos albergará muchas dudas sobre ti, además de los rencores y reproches silenciosos que deben hacerse a diario, y no es para menos, imagínate si te hubiera sucedido lo mismo cuando eras pequeño, cuando te aterrorizaba la idea de que papá o mamá desaparecieran. Sin embargo, algo que debes saber es que los tres proyectan transparencia, simpatía, felicidad y sosiego, además de un amor inmenso que es el reflejo exacto de lo que han recibido de su familia.

La vida puede llevarnos a todos por rumbos diferentes, sin duda, y nadie sabe en qué momento el camino se puede convertir en un despeñadero, pero cuando eres padre o madre esa vida cobra sentido en el instante mágico en que un ser frágil y desvalido que apenas acaba de ver la luz, nos mira desconcertado, tembloroso, y se produce entonces una conexión tan fuerte que ninguna ley física puede explicarla ni aplacarla nunca más, salvo en casos particulares como el tuyo.

Si en alguna carrera has sido avasallado a lo largo de tu vida es en la de ser padre. Es más, no solo apareces en la lista de participantes como el perdedor de los perdedores, que eso en el fondo no estaría mal si es que hubieras obrado como un hombre de bien ante la derrota, con decencia, valentía y asumiendo la responsabilidad de sus errores, pero la verdad es que al final, pensándolo mejor, no has dado la talla en nada.

Debo decirte que los hijos, además de darnos cariño, alegrías y satisfacciones, también nos causan dolor, nos llevan a equivocarnos constantemente y nos vuelven vulnerables y temerosos de todo lo que pudiera ponerles en riesgo. Ese es el precio que debemos pagar por el amor indescriptible que nos vincula a ellos desde el primer instante de su vida, que es de algún modo la prolongación de nuestra propia vida en el tiempo. En tu caso, tú mismo te has convertido en el lecho seco de un río, en el sendero pedregoso e inerte de cuyo caudal pasado, en muy poco tiempo, ya nadie se acordará.