Óscar Vela Descalzo

Pollos sin cabeza

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Domingo 17 de marzo 2019

Frenéticos, extraviados, errantes como pollos sin cabeza, así estamos los votantes frente a la próxima elección de vocales para el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, esa anómala institución ideada por el gobierno anterior bajo la falaz etiqueta del incentivo y promoción del ejercicio de los derechos ciudadanos, que en realidad solo sirvió para reforzar la apropiación de poderes, someter a discreción a sus discípulos y aplacar bajo amenazas cualquier acto real o presunto de disidencia.

La disyuntiva de la inusual elección venidera, que incluye la singular votación por los siete consejeros del Cpccs, se ha centrado antes que en los candidatos (que en una inmensa mayoría son absolutamente desconocidos), en la utilidad o conveniencia de mantener a este organismo como parte de la estructura del Estado.

Ha surgido entonces una potente propuesta de voto nulo que alcanzaría los porcentajes más altos de las últimas décadas. Y sí, es probable que ese porcentaje no sea suficiente para derrotar a la totalidad de votos válidos como ya se ha mencionado en muchos foros, pero sin duda una anulación masiva abrirá otros caminos para una reforma constitucional que permita eliminar de una vez por todas las trochas tramposas abiertas por el gobierno anterior para eludir la independencia de poderes.

Puestas así las cosas, lo más probable es que millones de votantes se acercarán en pocos días a las urnas sin tener idea de quiénes son los candidatos para este malhadado Cpccs, y lo que es peor aún, sin saber con certeza si alguno de ellos es de verdad independiente de alguna de las fuerzas políticas que se disputarán a silenciosas dentelladas su cuota de poder en tal institución.

Aunque también es posible que alguna acción constitucional de última hora suspenda la elección de consejeros del Cpccs y nos evite a todos este quebradero de cabeza.

Sin embargo, asumiendo que se mantiene esa elección, el universo total de votantes, un número apreciable seguramente acudirá a las urnas con una polla entregada según el caso por algún pariente enchufado, o por algún orate que presuma de iluminado, o por el amigo que siempre dice saberlo todo, o quizás por la vecina que asegura poseer la verdad absoluta sobre los candidatos, sus orígenes, amistades, pecados y pactos secretos con dioses o demonios. Pero además habrá otro grupo significativo de votantes que, bien sea por error, desidia o prisa, terminará anulando su voto cuando se enfrente a la nada fácil tarea de elegir en equidad de género y raza, entre tres papeletas distintas, a siete candidatos ignotos.

Por último, también aparecerán en las urnas muchos votos nulos que serán depositados allí por los que sospechamos de todo y de todos, por los que nos oponemos a un organismo creado con un claro objetivo caudillista, un engendro que apesta a botín político, a revanchismo, a gatopardismo, y a las rebosantes cloacas que dejó la dictadura de la década perdida.