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Martes 03 de diciembre 2019

Un senador uruguayo me decía -ligeramente- que ellos viven en un pedazo de territorio brasileño, hablando como argentinos. En verdad se trata de un país pequeño poblado por tres millones y medio de habitantes en un territorio de 179.215 km cuadrados. Pero no ha necesitado ser de gran volumen para destacarse como una sociedad culta, para tener pro hombres de elevada respetabilidad internacional, superar grandes crisis como la del 2002 y soportar dictaduras durante 12 años (1973-1985), hasta que fue electo presidente Julio María Sanguinetti, quien al asumir dijo que la democracia en Uruguay era una verdad de destino. Y es así, porque es considerado en el mundo como un país plenamente democrático.

Más que cantidad fue la calidad de su gente que enfrentó la escasez de recursos naturales importantes, pues no cuenta con petróleo, minería, recursos pesqueros ni fuentes de energía. Su base tradicional fue la exportación agroindustrial de productos de buena calidad: carne, leche, lana, arroz, trigo, girasol. Pero su fuerte son los servicios turísticos, los financieros que atraen capitales de Brasil y Argentina, call centers internacionales y servicios de traducción logística al español para la industria exportadora asiática. Tiene una producción importante de papel y textiles de buena calidad, pero lo principal es el trabajo de su población bien educada -rica y pobre- que le ha insertado en un desarrollo de servicios modernos, de capacidades digitales que exportan como Software a Europa, Asia y África, siendo primero en América Latina en términos per cápita.

Precisamente la falta de recursos naturales impulsó al talento de sus habitantes a trabajar sin subsidios, sin ventajas artificiales, pagando equitativamente sus impuestos -que son altos- y, sin que nadie les regale nada, alcanzaron en 2018 un ingreso anual por persona de 17 294 dólares, casi tres veces el ecuatoriano.

Uruguay tiene ya un Plan de Desarrollo hacia el 2050, aprobado en agosto de 2019, que vislumbra la nueva institucionalidad mundial política y económica, la decadencia del comercio internacional organizado, el “fin de la guerra contra la naturaleza” y el surgimiento de nuevas economías emergentes como India y otros países asiáticos.

Luego de tres gobiernos de izquierda moderada, igualitaria y eficiente, asumirá Luis Lacalle Poe elegido por una coalición multiderechista, quien proviene de una familia que sabe del ejercicio del poder político, pues su padre, Luis A. Lacalle Herrera, fue presidente de Uruguay, su madre legisladora y su bisabuelo estuvo en el poder en 1926.

Estoy persuadido de que Lacalle conciliará sus ideas con el Plan 2050, para mejorar la seguridad en su país, reforzando lo positivo de lo hecho por el Frente Amplio de Izquierda, y con visión de largo plazo y altura de miras ambas corrientes políticas podrán cimentar la Social Democracia, para bien de un país equitativo, que ha construido históricamente una identidad fuerte entre dos grandes vecinos. Mi esperanza por el progreso de la gente uruguaya que me acogió en una parte de mi vida.