Washington Herrera

La Alcaldía de Quito

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Martes 04 de diciembre 2018

wherrera@elcomercio.org

Si quienes vivimos en Quito debemos contribuir efectiva y equitativamente para su progreso, el país en su conjunto debe darle un trato especial por ser la Capital de la República y Primer Patrimonio Mundial de la Humanidad – que no es algo menor-, para revertir la decadencia en la que ha caído y terminar con la visión parroquiana que ha soslayado su destino trascendente e impedido que la Capital lidere los esfuerzos para rescatar al país de la anomía.

Quito necesita recobrar un rumbo claro para hacer de ella una urbe con personalidad propia, con identidad perdurable en un contexto tecnológico que se mueve sin cesar. Salir del atraso supone y reclama que tengamos autoridades competentes, probadas, con visión cosmopolita, con sentido de lo importante y acompasadas a estos tiempos.

Por esto debemos asegurar - mediante una activa campaña digital en las redes sociales- que el Alcalde próximo y los concejales sean escogidos de entre ecuatorianos probadamente impolutos, con experticia, que lleguen sin sectarismos políticos mezquinos.

El próximo gobierno municipal no debe tener concejales con grilletes ni inflar el gasto corriente para aumentar más pipones que estorban o multiplican trámites. Las empresas municipales deben ser manejadas por personal competente, como si fueran privadas y capaces de competir con otras privadas si es del caso.

Como las construcciones formales e informales de Quito han crecido tan rápido que han subsumido a cualquier esfuerzo de planeación, es básico tener un Plan de Ordenamiento Territorial para la próxima década, que defina qué grado de confort queremos dar a la vida de las personas: aspiramos a que Quito sea superpoblada o es necesario controlar una densidad apropiada; vamos a seguir ampliándola horizontalmente sabiendo que los servicios básicos son carísimos o es mejor el desarrollo vertical acorde con los recursos estrechos de la ciudad; problema éste que es esencial para una buena gestión municipal.

A partir del año 2020 funcionará un nuevo sistema de movilidad de las personas alrededor del Metro que dará comodidad a una parte de los usuarios, siempre que sus costos estén acorde a su capacidad adquisitiva. Las tarifas del transporte son claves para acertar en este campo.

Debe hacerse un sistema tecnológico de modo que el costo de los pasajes sea medido con técnica electrónica y esté acorde con la capacidad de pago de los habitantes, para que el pasajero pobre pague menos.

Esto es posible con la tecnología actual, mediante un amplio banco de datos de las personas que sirva como soporte demostrativo de su capacidad de pago y para cobrar también en función de la distancia recorrida, conforme a las paradas que utilizan y de acuerdo a las posibilidades de los usuarios. Así tendríamos un sistema justo que sería usado masivamente por los habitantes de Quito.