Walter Spurrier

El tiempo apremia

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Martes 16 de abril 2019

Los expertos recomiendan que un ajuste económico debe implementarse en el acto, para un pronto reinicio del crecimiento. Ajuste súbito fue el de 1998/99. La crisis fue catastrófica, pero ya en 2000 nos recuperábamos.

Nosotros, en cambio, hemos opinado que dada las realidades del Ecuador y la dolarización, es mejor un ajuste gradual. El acuerdo con el Fondo recoge ese gradualismo: un apoyo importante de USD 10 mil millones para un programa trienal. Ecuador dolarizado tiene no solo que resolver el problema fiscal sino bajar sus precios a los de otros países. Es más barato hacer compras en Ipiales que en Quito. Igual para producir. Ese ajuste toma tiempo.

La dolarización a Ecuador le ha servido de mucho: no ha habido inflación galopante, colapso de salarios ni quiebra de bancos. Pero esa misma estabilidad torna difícil reversar el exceso de inflación de los últimos diez años. Los precios tienen que bajar 31% mediante una “devaluación interna”. Hoy los precios son menores que hace un año, y no hay que alarmarse diciendo que hay deflación. Lo que hay es devaluación interna. Eso hizo Rajoy, causó malestar, los Populares perdieron el gobierno, pero España salió de la crisis.

Mientras subsistan los precios internos exagerados, Ecuador no puede aumentar sus exportaciones aparte de petróleo, minería o algún producto en que sea supremamente competitivo. Tampoco pueden prosperar industrias que venden en el mercado interno, porque los productos importados son más baratos. Tampoco puede aumentar el poder adquisitivo de los ciudadanos, puesto que eso significa más importaciones, reducción de los dólares en la economía, iliquidez.

Entonces, si el proceso de ajuste marcha muy lento, son varios años de estancamiento. Cinco o más. Un costo inaceptable.

Preocupa que las medidas de ajuste se pospongan. Se pospusieron por las elecciones, lo cual nunca comprendí, ya que el gobierno no fue actor principal en las mismas.

Una nueva alza de los combustibles, esta vez diésel y gas, se dice que queda para 2020.

La reforma tributaria se presentará a fines de año, entrará en vigencia en 2020, y en lo que respecta a recaudaciones por impuesto a la renta, el efecto se verá en 2021.

La reforma laboral es indispensable si va a aumentar el empleo. Las empresas deben saber que si toman nuevos empleados, habrá menos rigidez en los horarios, menor costo de despido. La nueva producción tendría un menor costo que la actual, lo que favorecería la inversión. Pero la reforma recién se propondría en 2021.

A lo mejor el próximo año se dice que como es electoral no se puede hacer nada, y que el ajuste queda para el próximo gobierno.

Estamos en el quinto año desde que cayó el petróleo, y todavía no vemos la luz a final de túnel. Eso es inaceptable. El costo es muy alto.